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Estado, politica y “salvacion”
Desde que el mundo en su desarrollo histórico creó un organismo institucional para ayudar a la población a convivir de mejor manera, su vida se complicó. Al idear esta entidad para regular de forma más adecuada algunas de las relaciones entre sus integrantes, se creó el Estado. Este se erigió en poder, extraño y más allá de la sociedad. En efecto, hay suficientes evidencias que muestran que desde ayer hasta hoy, el Estado ha tenido (y aún tiene) continuos desencuentros, contradicciones y confrontaciones con su creadora.
Curiosamente, esa institucionalidad ideada para responder, apoyar y ayudar a la ciudadanía, parece que se aleja de ella cada vez más (y los políticos la ponen más lejos todavía). Incluso, a ratos pretende ser un poder superior y opuesto a esa sociedad y sus integrantes. Así es como la desatiende y no se preocupa por su seguridad ni destino. Solo parece existir como un organismo extrasocial que alimenta el poder de los políticos y sirve únicamente para beneficio de los funcionarios y burócratas que de este lucran. Esto constituye un antecedente importante porque el colectivo de ciudadanos siempre espera que el Estado como institución sea “su poder” y no de los políticos ni de los burócratas. Por eso es preciso que en los actuales tiempos se proceda a repensar, rediseñar y reestructurar el rol de este organismo. La ciudadanía de hoy requiere un Estado para ella y no un poder de los políticos contra ella.
Esto hay que tenerlo presente en el actual proceso eleccionario. La gran mayoría de candidatos y acertantes de las diferentes unidades que participan en la actual contienda, generalmente apelan al Estado, sus recursos y su poder, para desde estos “atender y salvar” a la sociedad. Pocos son los que se preguntan cuáles son sus condiciones actuales en lo económico, financiero y presupuestario, frente a la lista inmensa de ofertas que ellos hacen y que “el Estado deberá atender”. En otras palabras, mayor parte de políticos y candidatos solo se ha dedicado a presentar “propuestas y soluciones” en las que ellos y sus partidos ordenan que el Estado sea quien las solvente. Esto significa que los políticos de diferente signo y tendencia teológica siguen creyendo y planteando que solo “el Estado es la única solución y salvación” para el Ecuador y la crisis de hoy.