
La plusvalia del interior
141.000 personas cambiaron sus casas de Guayaquil por las de vía a la costa o Samborondón en la última década.
Verónica Cevallos y su hermana Gabriela viven en la parroquia urbana La Puntilla desde hace un par de años. Las dos están casadas y compraron sus viviendas en distintas urbanizaciones que están separadas por 3,5 kilómetros de distancia.
La primera vive en la ciudadela Entre Ríos, en una casa que costó alrededor de $ 150.000, mientras que la segunda habita en la urbanización Tenis Club. Su casa está valorada en $ 445.000.
La gran diferencia de precios, aseguran, está en los tamaños de los terrenos y en los servicios internos que ofrece cada urbanización.
“Las dos estamos rodeadas de centros comerciales, colegios, bancos y otros sitios de distracción; pero la casa de Gabriela es casi el doble que la mía, tiene espacio para una piscina propia y el beneficio más grande: el club social. Ahí hay de todo”, explica Verónica.
Sofía Erazo, consultora de plusvalía y perito, coincide con ellas y explica que definitivamente el equipamiento de las casas o urbanizaciones influye más en el incremento de los costos. “El tipo de construcción, el tamaño y lo que te ofrecen en el interior es muy importante. En la vía Samborondón hay muchas casas con vista al río y esas son más caras”.
A pesar de ello, la especialista cree que la mayoría de los compradores acceden a esos precios por el estatus que adquieren. “Las personas están pagando por un sueño. Les ofrecen exclusividad y a veces no se dan cuenta que están comprando una casa con menor tiempo de vida que las que se construían en el Centenario”, precisa.
Otro de los factores que influyen al momento de adquirir una vivienda son los materiales con las que fueron construidas; el tipo, tamaño y número de baños y que cada habitación tenga una infraestructura sanitaria propia, indica el arquitecto Héctor Hugo, docente de la Universidad de Guayaquil. Eso es lo que hará la diferencia, enfatiza.
“Hay ciudadelas, sobre todo en vía a la costa, que se encuentran en el mismo kilometraje y tienen la misma extensión, pero varían en el precio”. ¿Qué las diferencia? El tipo de piso que usan: mármol versus porcelanato; el tipo de piedras con las que decoran sus paredes y hasta el tipo de plantas con las que se ambienta el lugar y si la vivienda tiene piscina propia.
En la urbanización Portofino, por ejemplo, las casas tienen patios con espacios para una piscina a un valor estimado de $ 250.000, pero si el cliente desea que la piscina esté incluida, cuesta entre $ 10.000 y $ 12.000 más.
Es por esta razón que, para hacer los precios más accesibles y comerciales, algunas de las constructoras le proponen al cliente entregarle una vivienda sin acabados o con acabados básicos. Es decir, no les ponen las puertas de los clósets, las cajoneras, los anaqueles de la cocina o los de los baños, menciona Ángela Andrade, consultora inmobiliaria.
El terreno de las urbanizaciones, actualmente, también juega un rol importante al momento de la oferta. “En el último año, después del terremoto, informes de expertos sostuvieron que el suelo de vía a la costa es más rocoso y las personas empezaron a preferir esas urbanizaciones que las de Samborondón. Ese ‘plus’ subió los precios”, explica Andrade.
El objetivo de estas ciudadelas privadas, coinciden los especialistas, es conseguir que los habitantes se sientan cómodos y encuentren todo lo que necesitan dentro de la misma urbanización. Por esa razón, con más frecuencia, buscan construir plazas comerciales, gimnasios, restaurantes, iglesias, entre otros, dentro del mismo conjunto habitacional.
Todos estos sitios o servicios adicionales que, aunque no forman parte de la casa y sí de la urbanización, son ofertados e incluidos como parte de los beneficios que se adquieren y eso, definitivamente, dicen los expertos, aumenta la plusvalía.
La exclusividad que perjudica a los barrios
El estatus y la seguridad que ofrecen las ciudadelas cerradas en estas vías influyen también en el valor de las viviendas de otras zonas de Guayaquil. Lo dicen los expertos: hay barrios tradicionales (y residenciales), como Urdesa, Centenario y Los Ceibos, que pese a tener casas con bases sólidas y grandes en extensión, tienden a ser más baratas que las de vía a la costa, por ejemplo.
“Más allá de lo técnico, estas se devalúan por un tema social. Está claro que las personas se trasladan a esas zonas por emular un estilo de vida ‘exclusivo”, indica el arquitecto, urbanista y profesor universitario, Héctor Hugo, al revelar además que esa idea de ganar ‘prestigio’, los empuja incluso a embarcarse en deudas desmesuradas y de muchos años.
Quienes vivían en el Centenario, que en un inicio fue un barrio integrado por personas de un estrato social alto, dice, se movilizaron a la vía Samborondón.
“Se instalaron en ciudadelas como Ciudad Celeste o Pórtico del Río, que lo tienen todo, incluso una capilla. Sin embargo no fue suficiente. Hoy algunas se han cambiado a la isla Mocolí, que tiene lagos artificiales, ciclovía infantil. Que es cinco estrellas”.
Aunque Hugo reconoce que las viviendas tienden a devaluarse también por los años de construcción que tienen, deja claro que el estatus prima al momento de la plusvalía. “Incluso pesa más que el hecho de vivir en libertad, en medio de pocas personas y aparentemente más organizados”.
Devalúo
Los desperfectos en los servicios básicos y las inundaciones de ciertas calles influyen también en el costo de las casas en los barrios de Guayaquil.