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Pisco, destilado que se bebe de ‘a besitos’

De a poquito, de a ‘besitos’, suavemente..., así es como debemos tomar el pisco. Nunca al ‘seco y volteado’ (de un solo trago), caso contrario, no disfrutaremos la calidad del destilado... Es la recomendación que días atrás el especialista y catador de pisco, de origen peruano, Diómedes Arango, le dio a un grupo selecto de guayaquileños.
Ellos se encontraban en las instalaciones de la Escuela Culinaria del Ecuador, listos para estudiar, analizar, describir y juzgar la bebida a través de los sentidos.
Cada uno tenía una copa, abombada de cuerpo y angosta en la superficie. Llena hasta la mitad, esa es la medida idónea para identificar mejor el cuerpo y aroma del néctar. Las primeras indicaciones se habían dado. “Levanten el cristal y obsérvenlo fijamente...”.
Y con ello el ‘show empezó.
Los presentes se convirtieron en expertos, en una especie de científicos, capaces de identificar las tonalidades, los vapores, la fluidez y temperatura del fermentado.
Era totalmente transparente. No había ninguna partícula flotante ni rastro alguno de sedimento que lo opaque. Su aroma -el que se lo percibió al aproximar delicadamente la copa a la nariz e inhalar lenta y gradualmente por un instante- era suave, exquisito, agradable. Y a decir de Jenny Armendaris, presidenta de la Escuela (organizadora del evento), bastante seductor. Ideal para identificar sus características. Siendo el sabor, una de las principales.
Y para ello, el público, entre quienes estuvo el gerente general del Grand Hotel Guayaquil, Gino Luzi, bebió tan solo un pequeño sorbo. El secreto estuvo en saborearlo bien. “Eso es lo que nos permitirá conocer sus orígenes”, dijo Arango, lo que nos ayudará a identificar su picor, astringencia, frescura o suavidad.
Los sabores cítricos, a jazmín, pasas rubias, rosas y manzanas, predominaron en la cata, que ofreció para el maridaje una serie de bocaditos típicos y gourmet, elaborados por el chef Andrés Santos, docente de la institución.
El bolón de camote relleno de chicharrón y la torta de choclo, los más aplaudidos. El chocolate (de origen peruano), el que mayor sorpresas dio. Y no solo por su sabor, sino porque al acompañarlo con el pisco -considerado el diamante líquido de Perú-, la crema y los ingredientes con el que fue hecho, explotaron ‘mágicamente’ en la boca.
La degustación duró cerca de 90 minutos. Este año, Armendaris promete organizar eventos con un fondo similar.