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La peste (venezolana)
La peste de Albert Camus. Muchos creen que lo que trajo la peste fueron las ratas. No lo creo. Lo que permitió la multiplicación de la enfermedad fue la indiferencia y el miedo. “Lo que pasa es que por el momento no se atreven a llamarlo por su nombre. La opinión pública es sagrada: nada de pánico, sobre todo nada de pánico. Y además, como decía un colega: ‘Es imposible, todo el mundo sabe que ha desaparecido de Occidente’. Sí, todo el mundo lo sabe, excepto los muertos”. ¿Cuánto pasó hasta que los venezolanos reaccionaran? La realidad fue ignorada bajo la ilusión de que los atropellos eran casos aislados. Y empezó el contagio. En la ciudad de Camus, los ciudadanos, aun sin serlo, tuvieron que ejercer como médicos; “al convertirse la peste en el deber de unos cuantos, se la llegó a ver como realmente era, esto es, cosa de todos”. Así funcionamos: cuando la crisis trastoca tu realidad y no solo la de un político, los fantasmas se materializan. “Plantea usted mal el problema. No es una cuestión de vocabulario: es una cuestión de tiempo. La fórmula me es indiferente. Digamos solamente que no debemos obrar como si la mitad de la población no estuviese amenazada de muerte, porque entonces sí lo estará”. Leyendo al Dr. Rieux (al discutir si se debía utilizar la palabra peste o no), pienso en la autocrítica de Antonio Ledezma a la MUD. ¿Qué hizo la oposición cuando ganó la mayoría en 2015? Retórica. “¡Esto es una dictadura!”. No era cuestión de vocabulario, sino de tiempo. Tenían que designar un nuevo TSE y CNE, cuando era posible. Desperdiciaron el momento. Ahora es muy tarde. Los ciudadanos de Camus no podían enviar sus cartas porque el correo estaba prohibido. Así como en Venezuela repiten (Maduro este año te vas), porque el cambio está prohibido. Resultado: “estuvimos reducidos a recomenzar la misma carta, hasta que al final las palabras que habían salido sangrantes de nuestro corazón quedaban vacías de sentido”. “Esto no puede durar, es demasiado estúpido’”. Pero eso no impide que dure”. Un libro europeo publicado en 1947 es el espejo de un país latinoamericano 60 años después. Estábamos advertidos.