
Una pequena tienda de ‘delicatessen’ china
Varias lonjas de cerdo doradas y crujientes cuelgan de ganchos. Cerca, una tanda recién salida de patos al horno tipo Cantón penden amarrados de sus cuellos. Por debajo y en bandejas hay desde patas de aves (pato, pollo) hasta orejas de marrano semiaho
Varias lonjas de cerdo doradas y crujientes cuelgan de ganchos. Cerca, una tanda recién salida de patos al horno tipo Cantón penden amarrados de sus cuellos. Por debajo y en bandejas hay desde patas de aves (pato, pollo) hasta orejas de marrano semiahogadas en un jugo marrón.
Aquel escenario gastronómico se ha vuelto común para quienes transitan por la esquina noroeste de Boyacá y Colón.
Algunos porteños se plantan del otro lado del mostrador y preguntan. Alguien da una explicación: “Debe probar, es comida preparada, lista para servir”, dice Michelle Chang, la hija de 21 años del dueño del local y única en la familia que habla en un claro español.
Los Chang son una familia cuyos orígenes están en Cantón (China). Hasta hace dos años residían en Panamá.
“Teníamos un minimarket”, dice Álex Chang, el padre. Allá vivieron durante 28 años, pero decidieron probar en Ecuador. “Guayaquil es más tranquila. Aquí pusimos un restaurante en Urdesa, pero mejor cambiamos de actividad”.
Probó con una oficina para importaciones -aún la tiene- luego abrió el local de la calle Colón, a pocas cuadras de lo que puede considerarse el ‘barrio chino no oficial’ de la ciudad: el sector de las bahías.
En el número 606 aparecen unas letras en mandarín que el propietario traduce como “productos asados”, con un menú de diez productos. Desde trozos de orejas y tripas de cerdo.
Pero la tienda es muy variada. Oferta verduras y legumbres poco conocidas por los guayaquileños hasta pan al vapor y raciones de ‘dim sum (bolas de harina de arroz rellenas)’ para preparar en casa. “No solo para chinos. El que quiera probar”, dice Álex Chang, quien prepara los productos al horno.
El pato cantonés tiene una preparación especial. “Uno se ocupa dos días en la preparación”, dice el chef de este local.
En el detalle de la receta que se usa en su ciudad, Álex, quien tiene 52 años, dice que al pato se lo marina un día, que se lo macera en vino de arroz, miel, salsa de soya, azúcar morena, clavos de olor, ajos, pimentón dulce y jengibre fresco.
Luego de eso se lo pone a dorar. Esa es la parte más fácil.
Es el único lugar en la ciudad donde se lo ofrece entero o por partes.
El local se llena dos veces a la semana por miembros de la comunidad ‘ojos rasgados’ de Guayaquil. “Martes y jueves vienen los paisanos. Salen del campo a la ciudad a comprar insumos y pasan por aquí”.
Es el día recomendado para comprar. Los productos están frescos y hay variedad. RGS