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Pensar en el futuro
La peor opción que se puede escoger para programar el futuro es restablecer el pasado, la realidad nos impone mirar hacia adelante. Es incuestionable que en la vida todo es posible, pero hay dos situaciones que no se pueden cambiar: el pasado y la muerte, ambos son irreversibles. Para lo que sí nos sirve lo anterior es para hacer un balance de lo bueno o malo de experiencias vividas, los aciertos o errores cometidos. Decía Confucio, estudiar el pasado para procurar acertar en lo venidero.
Corresponde al nuevo presidente que asumirá sus funciones el próximo 24 de mayo, reflexionar que él será el responsable del destino del país durante o como consecuencia de los cuatro años que ejercerá su mandato. Sería un grave error tratar de imitar o buscar complacer al presidente saliente; a él le corresponde responder por las acciones realizadas, la historia se encargará de señalar los beneficios o perjuicios hechos o causados al país. No obrar de esa manera podría convertir al flamante gobernante en chivo expiatorio de equivocaciones pasadas. Una cosa es mantener una decente amistad personal e incluso política, lo que no puede hacer es gobernar aspirando ser una copia de su antecesor; eso equivaldrá a minimizarse personalmente y renunciar a ejercer un liderazgo al que está inexcusablemente obligado como primera autoridad de la República.
El Ecuador espera tener un gobernante que ejerza su alto cargo, con cabal respeto a su juramento constitucional, democráticamente, con un estilo que refleje su genuina personalidad. Hay que recordar que cuando el partido de gobierno hizo encuestas para escoger el candidato presidencial, el Lcdo. Moreno obtuvo mayor nivel de aceptación que el Ec. Correa, lo cual se comenta contribuyó a que desistiera de optar por una reelección inmediata y evitó convocar una consulta popular.
Sin duda el presidente electo luce menos confrontador, más conciliador, más abierto al diálogo, más ecuánime. La gente prefiere una persona equilibrada, antes que un mensaje agrio, cargado de ofensas y ataques al adversario o a quienes no comparten sus criterios.