Actualidad
Peligroso avance del terrorismo
Desde que los fundamentalismos y los movimientos integristas han desbordado la política y creado su propia dinámica para, desde adentro, destruir la democracia y la seguridad de las sociedades, el mundo vive intranquilo por el asedio y amenaza del terrorismo. Este se despliega como un continuo peligro contra la vida. Por eso puede decirse que el terrorismo se ha tomado la existencia cotidiana de los países del mundo, dando lugar actos de todos los matices: terrorismo religioso, cultural, político, etc., y hasta del narcotráfico, como los que desplegaron los capos de la droga en Cali, Bogotá y otras ciudades de Colombia.
Hoy nos atrevemos a decir que no hay sociedad del mundo que esté libre de las acciones de los terroristas. Incluso ya no responden de manera directa a principios religiosos, culturales, étnicos, narcotráfico, ultraizquierdismo o hipernacionalismo. Van más allá de esto. Algunos estudiosos de la psicología social de los pueblos afirman que es algo casi demencial, pues no se puede llamar de otra manera al terror criminal que despliegan sobre poblaciones indefensas: niños, mujeres, escuelas, universidades, transeúntes, conciertos, etc. Casi todas las ciudades del orbe están sometidas a estos actos de destrucción física de los ciudadanos, que degradan a límites insólitos la condición humana. En la actualidad enfrentamos actos terroristas de alta criminalidad y peligro, como los atentados contra Charlie Hebdo (París), el del concierto en Manchester, en restaurantes de París, etc. Todos ellos dan cuenta de hechos violentos y de agresiva criminalidad que desbordan toda posibilidad de referencia religiosa, étnica, cultural ideológica o política. Estos hechos provocan una peligrosa y agresiva xenofobia que ya está presente en algunos países europeos. Lo más grave de esto es que puede dar lugar a reacciones violentas de ciudadanos que al ser agredidos impulsan actos de la misma condición de barbarie, como el terrorismo islamófobo en Londres, lo cual nos dice que es preciso que las diversas sociedades del mundo revisen a fondo el conjunto de valores y de principios que sustentan la convivencia pacífica de los seres humanos. Que se profundice el respeto a la diversidad religiosa, étnica, cultural, etc.
Es hora de reivindicar la unidad y la convivencia en paz, con discrepancias y diferencias. Solo así la colectividad y la condición humana serán posibles y tendrán un porvenir.