Peligrosa polarizacion

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Peligrosa polarizacion

Sin rehuir el debate de las ideas, sustancial para la consolidación de una democracia digna del nombre, es importante mantener espacios para el consenso. Esta última posibilidad parece alejarse en América latina, a medida que crece una peligrosa polarización.

Se denomina polarización, en el lenguaje político, al alejamiento hacia los extremos ideológicos de las preferencias de la población, dejando vacío el espacio del centro hacia la izquierda o hacia la derecha. Es peligrosa dicha situación porque propicia el extremismo fanático que no razona, se siente dueño de la verdad y por tanto no admite ni respeta el pensamiento ajeno.

Así, en Venezuela acaban de llenarse sus calles de ciudadanos con camisetas rojas o blancas, todos aspirando a la paz. Todos justificando la legalidad de sus acciones, mientras el presidente Maduro se permite el exabrupto de amenazar con terminar, por decreto, con la inmunidad de los parlamentarios de oposición.

Por suerte, primó una cierta voluntad de no dar lugar a situaciones de riesgo y se mantuvo una relativa tranquilidad pero, las ciudades apenas están empezando a “calentar” sus calles y es posible que la situación crezca en tensiones, dentro de poco, mientras la crisis económica continúa haciendo estragos, dado que no se gobierna, solo se hace política de mantenimiento del poder.

En Brasil, luego de la destitución de Dilma Rousseff, un presidente también sujeto de múltiples acusaciones, al igual que buena parte de su gabinete ministerial, sigue enfrentando protestas y acumula fuerzas para poder tomar las duras medidas que su país requiere para la superación de la crisis económica que lo aflige.

Lo mismo ocurre en la Argentina de Macri, donde el saqueo de los fondos públicos ya no es una sospecha, sino una trágica evidencia del manejo corrupto propio de los populismos que prometen milagros para justificar su incapacidad y que ahora obligan a medidas que, sin duda, son absolutamente impopulares y castigan, sobre todo, a los sectores de menores ingresos, mientras con la devaluación beneficiaron a quienes poseían dólares.

En Colombia, inmersa en la búsqueda de la aprobación de los acuerdos suscritos con las FARC en La Habana, se divide la opinión nacional por el costo en “impunidad” que ha debido pagar para intentar alcanzar la anhelada paz.