Patio de retencion vehicular de Carapungo, el corredor de la muerte

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Patio de retencion vehicular de Carapungo, el corredor de la muerte

Un trabajador del lugar afirma que ese espacio es tétrico e incluso hay cosas paranormales. Hacia allá llevan los carros chocados en los que hubo fallecidos.

Uno de los trabajadores del patio hizo un pequeño recorrido por el lugar.

Una montonera de carros y motos se acomoda en el amplio patio de retención vehicular de Carapungo, en la calle Geovanny Calles, norte de Quito. Parecen fichas de dominó dispersas, sobre las que hizo mella el tiempo.

De algunos vehículos, la pintura se descascara y el óxido opaca lo que alguna vez fue el brillante metal. Muchos fueron llevados por incumplir normas de tránsito como mal parqueados, porque se chocaron, multas...

Pero hay otros marcados por la desgracia: sus ocupantes o peatones fallecieron en un accidente. Los pusieron en el corredor de la muerte. Así le dicen a este espacio, coloquialmente, quienes trabajan allí.

Esos vehículos están algo apartados de los demás, en el costado oriental del canchón. Se observa a camiones y carros pequeños de todo tipo, modelo y color. La mayoría están doblados como papel aluminio. Un taxi llevado recientemente es uno.

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Los cuatro metros y medio de largo de ese Hyundai Accent, amarillo con franjas verdes, quedaron reducidos quizás a la mitad. Pero el impacto no solo hizo eso. También mató a su conductor Alexis Doicela.

Eran las cinco de la mañana del lunes 4 de noviembre. El feriado terminaba y Alexis manejaba aquel taxi rumbo al aeropuerto Mariscal Sucre, según Miguel Vega, presidente de Univalle. A esa cooperativa pertenecía la víctima, a quien se le habría cruzado alguien en la transitada vía, en Tababela, al oriente de Quito.

El taxista perdió el control. “Se levantó por el parterre, chocó contra un poste, luego con un árbol que lo sacó de raíz. El carro se dio la vuelta”, cuenta Vega. Sus compañeros se contactaron con él y le dijeron del choque.

A su arribo vio que Alexis estaba fuera del carro. Al parecer, salió ‘volando’ por la fuerza del siniestro. Días más tarde lo enterraron en un cementerio de esa zona. Lo que quedó del auto fue llevado al patio de Carapungo.

Fantasmas

El taxi que manejaba Alexis era de su padre. Su compañero dice que hacían turnos rotativos. “Fue un buen amigo y bastante tranquilo”, afirma. La esposa está embarazada, cuenta Vega.

El vehículo, que lo manejó cerca de tres años según el compañero, permanece inmóvil frente a los otros autos. Y así deben quedarse o es lo que se supone...

‘Luis’ es funcionario de la AMT, entidad a cargo del patio. No dice su nombre real pero sí cuenta las cosas espeluznantes que suceden en el corredor.

El apelativo del lugar no es en vano. El orden de las cosas que están en los autos no siempre se conserva así. Y no porque ellos hagan algo. “Recordemos que todavía existen, producto de las heridas, fluidos corporales”, detalla.

Por los fuertes accidentes, dentro de los automotores han quedado partes humanas. A pesar de que los rescatistas las liberaron, las huellas permanecen.

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Eso es cierto. En uno de los carros, los airbags están a la vista. En la tela blanca se observan manchas de sangre. El funcionario cuenta que, en casos como de ese auto, los fallecidos han sido tanto conductores como acompañantes.

“Nosotros, como AMT, tenemos bastantes protocolos de seguridad”. Entre estos se encuentran las rondas diurnas y nocturnas. Con estas labores, al parecer, lo sobrenatural se hace presente.

Luis siente que sus energías disminuyen por la pesadez del ambiente. “El aire (en el patio) de por sí es frío, pero en este lugar es helado”, asegura en uno de sus recorridos.

Todo es tétrico. Incluso sus compañeros han visto, por las madrugadas, formarse una capa de neblina. Prácticamente como en una película de terror.

El funcionario cuenta que en un camión algo pasó. Ese vehículo tiene su parte delantera destrozada. Hace algunos años sus ocupantes murieron en un accidente, recuerda.

“Cayeron a un abismo, por Nayón dijeron, en la avenida Simón Bolívar”, describe. Niños y adultos perdieron la vida. Se pensaría que toda una familia murió, porque hasta ahora nadie ha ido a reclamar el vehículo pesado.

Una vez, ese carro dio señales paranormales, aparentemente. Un recuerdito que colgaba del retrovisor se movía como si alguien lo agitara con la mano. Fue tal el miedo que los compañeros de Luis lo quitaron.

Lo mismo sucede en las carrocerías donde quedaron botellas de trago o cerveza. Al mirarlas han cambiado de posición. No están como se las dejó desde que llegó el vehículo, asegura.

Los accidentes

Luis labora en la jornada nocturna. Entra a las siete de la noche y sale al siguiente día. Generalmente la oscuridad es cómplice para esos aparentes fenómenos. “Siempre venimos entre dos personas”. Allí hay 10 trabajadores.

El corredor de la muerte alberga el 60 por ciento del total de automotores en el patio de retención de Carapungo. En el lugar se guardan 1.120 vehículos, incluyendo las motocicletas.

El canchón está bajo la tutela de la AMT; cuyo director es Juan Manuel Aguirre. A él también le llegaron rumores de que algo sobrenatural ocurría. “Algo me comentó una agente. Pasan cosas raras. Aunque también es la percepción”, precisa sonriente.

En 2018, 175 automotores implicados en accidentes con fallecidos fueron ingresados a los 12 patios del Distrito Metropolitano. En lo que va del 2019 entraron 166, informa Aguirre.

Para el cuidado se necesita la asistencia de agentes metropolitanos de Tránsito. Aunque se hace el análisis para contratar una empresa de seguridad para esa tarea.

Actualmente, existe un abarrotamiento en los patios. “Hay muchos autos viejos. Por eso tendríamos que enfocarnos en la chatarrización”, analiza. Se planea, incluso, usar otros terrenos para guardar los autos retenidos.

Lamenta que la edad de las víctimas mortales, según los estudios hechos, oscile entre los 18 y 25 años. Dentro de esos análisis se muestra que las vías rápidas son puntos donde ocurren con más frecuencia los siniestros.

Estas son la avenida Simón Bolívar, la autopista General Rumiñahui, Ruta Viva, la Manuel Córdova Galarza (por el sector de El Condado), la avenida Mariscal Sucre... Aguirre señala que la tipología de accidentes que ocurren en estas zonas es la del estrellamiento. Pero también se dan casos de atropellamientos.

Lo que el funcionario dice es que la educación vial de las personas mejore. Las campañas a futuro ayudarían para que los corredores de la muerte, como el de Carapungo, no sigan engrosando sus filas. (MAG)

Trámites

Para retirar carros chocados

Aguirre explicó que el procedimiento para retirar los vehículos de los patios de retención es presentar órdenes de liberación emitidas por el juez de Tránsito. “Como hay un choque y hay fallecidos o heridos, siempre se tiene que contar con un juez”, detalla.

A ese documento se adjunta la matrícula original con dos copias, la cédula de ciudadanía del dueño o sino un documento notariado que le permita a una persona hacer los trámites. Dos copias del parte de aprehensión, el papel original del pago de servicio de grúas y dos copias.

También del pago del servicio de parqueadero, igual con dos copias. Además, los informes técnicos-mecánicos que están dentro de los expedientes que se encuentran en la Fiscalía.