Las palabras y los hechos

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Las palabras y los hechos

Comienza la ciudadanía a evidenciar un peligroso cansancio, como producto de la lentitud con que se desenvuelve la vida nacional en asuntos que por su trascendencia deberían de haber sido procesados con mayor agilidad.

No se trata de una actitud voluntariosa que le quiere imponer sus tiempos a la política pero esta, menos todavía cuando hay quien contrapone el beneficio que al régimen le produce esa actitud morosa, no le puede seguir imponiendo sus tiempos a un anhelo popular que ya va para medio año esperando resultados.

En la lucha contra la corrupción por ejemplo, es cierto que se cuenta con un vicepresidente en la cárcel, nada menos que el compañero de fórmula del presidente en funciones, sin embargo el procesamiento judicial parece diseñado para aburrir o para desalentar.

Bien se sabe que la administración de justicia no tiene como objetivo entretener pero, es tedioso esperar que la función Legislativa cumpla sus obligaciones y a partir de un juicio político, dilatado solo por la voluntad del partido que gobierna, se desnuden responsabilidades o se evidencien inocencias en los actos de corrupción que se han podido identificar en los sectores estratégicos. Es importante también dilucidar si esos delitos, u otros, involucran o no en su comisión al expresidente de la República. Y no puede demorarse el esclarecimiento bajo el argumento de que la actual correlación de fuerzas no lo permite.

Por el contrario, la debilidad gubernamental que se aduce como razón para no proceder en consecuencia, sería precisamente el motivo para hacerlo. Con mucho ánimo respaldaría el pueblo ecuatoriano, que es lo que importa, a un gobierno que se atreva no solo a evidenciar la corrupción sino a sancionarla como es debido y se espera. Igual ocurre en relación con la toma de medidas económicas. Está muy bien que aquellas no afecten sobre todo a la economía popular pero, no puede ser asumido con beneplácito que lo propuesto sea más de lo mismo que ha conducido a la crítica situación actual: resolver la crisis con mayor endeudamiento mientras se le otorga manifestaciones de total respaldo y confianza a funcionarios cuestionados por la opinión pública.

La actitud dialogal que el Ecuador agradece, no basta si la palabra no guarda relación con un consecuente ejercicio gubernamental.