Pais de paradoja

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Pais de paradoja

El vicepresidente de la República ha sido sometido a prisión preventiva. En un país de verdad esa resolución habría servido para que el mandatario presente su renuncia, o para que un organismo pertinente lo destituya. Pero aquí ocurre que va a la cárcel y afirma que no renunciará a sus funciones; y lo mismo hace su abogado defensor, afirmando que no puede ser que un juez pretenda apresar a un funcionario que ha recibido la mayoría del voto popular. Sin embargo, nadie está por encima de la ley, y si se han encontrado motivos suficientes para resolver la prisión preventiva, esa resolución puede y debe comprender a todos los ciudadanos del país, incluso a los que se encuentran en las más altas funciones. Si no aquí se habría instaurado la más terrible impunidad cuando los delitos son cometidos por los funcionarios de mayor rango del Estado. Y se dará el caso terrible de que el vicepresidente de la República ejercerá sus funciones desde una celda de la cárcel. Eso solo podía ocurrir en un país que no tiene de verdad los principios claros y las consecuencias de los actos suficientemente establecidas. Ciertamente que el vicepresidente de la República va a ejercer sus funciones desde la prisión, porque si no podría caer en abandono del cargo y eso significaría su destitución. Entonces se ha dado la paradoja de que ponga su despacho en la cárcel y desde allí ejerza sus funciones. Una cosa así no se puede tolerar en un país que tiene claros sus principios éticos y sus consecuencias morales, así como sus funciones. El vicepresidente de la República con prisión preventiva no puede ejercer su cargo y eso tenía que haberse establecido, pero la revolución ciudadana hizo de este país una especie de republiqueta donde todo se puede dar. Queda la posibilidad del juicio político, pero esa opción es realmente risible porque no se trata de una violación de carácter político, sino la comisión de delitos gravísimos que han sido suficientemente establecidos y por eso se ha dictado prisión preventiva. Tal vez esto que está ocurriendo en Ecuador sea único en la historia política del mundo, porque no cabe ni siquiera imaginar que un vicepresidente de la República ejerza sus funciones desde una celda de la cárcel. Pero esto y mucho más son cosas de la revolución ciudadana, que va terminando su gestión como taberna en la noche crapulosa.