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Orgullo cuencano en Guayaquil

En la conmemoración de la Independencia de la capital azuaya, sus hijos que residen en la urbe cuentan sus historias de superación. La saludan con regocijo

Mónica Calle, dueña del hotel Plaza Montecarlo.

A propósito de la celebración de los 198 años de Independencia de Cuenca, EXPRESO relata la historia de cinco cuencanos que decidieron sembrar sus raíces en Guayaquil.

La oportunidad de ver crecer a sus familias y de emprender negocios en áreas en la ciudad aún no explotadas o, por el contrario, con alta demanda sobre todo en el campo de la gastronomía, los llevó a refugiarse y hasta expandir su familia en la urbe porteña.

Para todos, que aseguran haberse acostumbrado al clima, a la gente, al movimiento, a los sitios turísticos y la comida típica de su nuevo hogar, esta fecha es sinónimo de nostalgia. “Amamos Guayaquil, pero extrañamos nuestra tierra”, coinciden al evocar las ferias al aire libre, las actividades en medio de la naturaleza, las costumbres propias de su cultura y esa forma tan peculiar que tienen los barrios para llenarse de color, música y juegos tradicionales; además de la familia y amigos de toda la vida.

Y es que si bien llegar a Cuenca no les toma más de tres horas, razón por la que algunos la visitan constantemente, hay otros que por sus obligaciones se ven frenados a visitarla con frecuencia.

Lo bueno, concuerdan, es que en Guayaquil la comunidad de cuencanos es amplia. “Aquí nos topamos con amigos de colegio, de la universidad y el barrio...”. Además, precisan, “los guayaquileños son tan abiertos y alegres que fue rápido conseguir amigos, que en pocas palabras nos acogieran”.

Hoy algunos de ellos ya están en su tierra natal y mientras que otros prefirieron celebrar a Cuenca desde su nuevo hogar en el Puerto Principal.

Álex Lima / Expreso

“Ha sido una ciudad muy generosa”

La ausencia de una oferta hotelera ejecutiva que esté cercana al aeropuerto de Guayaquil fue una de las principales razones por las que Mónica Calle, dueña del hotel Plaza Montecarlo, y su esposo decidieron invertir y trasladar su vida a la ciudad.

Llegaron hace 15 años desde Cuenca y durante ese tiempo han forjado una gran reputación que les permite denominarse el “hotel de los cuencanos” y que les dará la oportunidad de realizar una expansión en los próximos meses.

Calle, quien es madre de tres chicas, menciona que aunque la familia de su esposo siempre estuvo ligada a la hotelería, Guayaquil fue sinónimo de crecimiento profesional.

“Buscamos siempre mejorar e innovar y Guayaquil nos dio esa oportunidad. De hecho, este es el hotel más grande que tiene la familia”, detalla.

Aunque extraña la gastronomía y costumbres de Cuenca, la empresaria asegura que no dejarán Guayaquil, pues la urbe ha sido “generosa” con ellos y los “ha acogido muy bien”, lo que les hace sentirse como en casa.

“Extraño el arte, las ferias, los barrios”

El hecho de que Guayaquil cada vez más destaque por su gastronomía, motivó a Miguel Arteaga y otros cinco amigos, todos cuencanos, a abrir un restaurante de alitas en la ciudad.

“Ese es un plato que hoy tiene mucha demanda. Puedes combinarlas con tantas salsas. Nosotros tenemos nueve y a todos les gusta, todas tienen una característica especial”, precisa Arteaga, de 29 años y administrador de este negocio que lleva en Urdesa un año.

Si bien este joven -que próximamente incluirá en su menú también desayunos (desde gourmet hasta cuencanos y típicos)- siempre ha gustado de celebrar las fiestas en su natal Cuenca, esta vez lo hará laborando.

“Aquí trabajamos 24/7 porque es un emprendimiento que estamos empezando. Me entristece, eso sí, no estar allá porque hay tanto que hacer: el arte, las ferias, las caminatas en los barrios, que es lo que más extraño”. No obstante, dice Arteaga, durante estos días pretende visitar Puerto Santa Ana, su sitio turístico favorito, y comerse “un buen cebiche”. Esta una de las cosas que más disfruta y “ama” de Guayaquil.

“Aquí hay muchísimo talento joven”

Docente y coordinadora de la carrera de Danza de la Universidad de las Artes, Lorena Delgado, llegó a Guayaquil hace un año y medio luego de estudiar y presentarse en varias ciudades del mundo.

Su incursión en la danza fue por accidente, admite, pues a los 9 años su madre tuvo que inscribirla en esa clase hasta que se abra un cupo en la de piano, que era su pasión.

Pese a haber vivido también en Quito, esta cuencana de 34 años se siente muy feliz de estar en esta ciudad. “Guayaquil me ha adoptado y permitido realizar mi arte”, menciona.

Señala que le emociona mucho el compromiso, apertura y talento que hay en los jóvenes guayaquileños, lo que los diferencia de los alumnos que ha tenido en otras partes.

Además, considera que Guayaquil sí es una ciudad cultural. “Hay mucha efervescencia y eso es importantísimo. Aquí hay hambre de cultura”.

Delgado cree que se ha convertido en una guayaquileña más, pues, cuenta, cuando regresa a Cuenca le da mucho frío y aquí ya no le molesta el calor o la humedad.

“En Guayaquil voy a expandirme y crecer”

Patricio Azar, también cuencano, vive en la Costa hace casi veinte años, cinco de ellos en Guayaquil, y dice estar feliz de lo logrado hasta ahora en estas tierras.

Es abogado, ejerce la profesión, pero también tiene un negocio familiar, Corner Pizza, que hace cinco semanas lanzó en Puerto Azul, un punto que -a su juicio- “es otra ciudad dentro de la ciudad”, y en el que tiene “grandes y gratos” amigos, en su mayoría ‘guayacos’.

Azar, quien siempre sintió afición por la cocina y aprendió la técnica para elaborar pizza y comida italiana en la ciudad, vivirá las fiestas de su natal Cuenca aquí.

“Hasta el año pasado viajé para estas fechas porque el ambiente, las festividades son múltiples y lindas. Ahora lo celebraré en el Puerto Principal con los míos”. Azar ha formado ya una familia y con gente costeña. “Por eso amo tanto Guayaquil: su gente, su clima, sus puntos turísticos. Y lo mismo siento por Salinas (Santa Elena), donde viví diez años”.

Es allí donde quiere envejecer, recalca. Y para ello espera tener su negocio frente al mar. Actualmente, pese al poco tiempo que lleva en el mercado, la aceptación que ha tenido su pizzería es muy alta. De hecho ha recibido propuestas para expandirse. “Espero hacerlo, quiero crecer, ser parte, mucho más, de Guayaquil...”.