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Ochoa y su padrino

El informe (oficial) para segundo debate de las reformas a la Ley de Comunicación (publicado en la página de la Asamblea recién poco antes de la sesión del pleno, del 18 de diciembre), corrigió la tozudez del proyecto original, que increíblemente obligaba al Estado a seguir gastando recursos, litigando judicialmente en defensa de los abusos de la Supercom de Ochoa y sus secuaces.

La disposición transitoria tercera (de ese informe para segundo debate) ordenaba que esas multas sean “revisadas”, innegable reconocimiento de la arbitrariedad de aquellas. Se ponía así (por fin) cordura en el tema, y, sobre todo, se dejaba de cohonestar las esperpénticas sanciones de Ochoa.

Pero algo pasó en la sesión del pleno el 18 de diciembre: el mandato de que las multas sean revisadas fue borrado de un plumazo, y en su lugar se dispuso que “los derechos litigiosos sobre los procesos judiciales... ...serán transferidos al Consejo de Regulación, Desarrollo y Promoción de la Información y Comunicación, institución que será la sucesora en derecho de la Superintendencia de la Información y Comunicación, para la prosecución de los referidos procesos judiciales” (disposición transitoria quinta).

Ya se sabrá quién, y por qué, es padrino oculto de Ochoa. Pero más allá de eso, semejante maliciosa zancadilla no puede convertirse en ley.

No solo porque la propia exposición de motivos del proyecto reconoce (p. 31) que la Supercom “...actuó de manera subjetiva, principalmente al servicio de ciertos funcionarios públicos para perseguir a medios de comunicación y periodistas por la información u opiniones vertidos por ellos... ...violentado los derechos a la libertad de comunicación, expresión y opinión como las normas básicas del debido proceso”, sino, principalmente, porque mantener vivas las antiguas sanciones cuando el proyecto las elimina para el futuro, contraviene el principio de favorabilidad de la Constitución (art. 76, 5º), según el cual si la ley posterior a la (real o supuesta) infracción es más benigna, debe aplicársela.

“You have the floor”, presidente Moreno.