Los nuevos pactos para el empleo en la region

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Los nuevos pactos para el empleo en la region

Los nuevos pactos para el empleo en la región

Para abordar los desafíos relacionados con el futuro del trabajo en América Latina y el Caribe será necesario gestionar “nuevos pactos” que se traduzcan en acciones concretas en materia de desarrollo productivo y talento humano, destacó el director regional de la OIT, José Manuel Salazar-Xirinachs.

Los países de la región necesitan una “visión más renovada y más integrada del nexo desarrollo productivo-tecnología, innovación, educación, competencias, empleo y empleabilidad y reformas institucionales”, destacó Salazar.

Salazar afirma que “el futuro del trabajo no debe verse de manera determinista como resultado de fuerzas tecnológicas u otras sobre las que las sociedades no tienen control. Ese futuro dependerá mucho de la capacidad de las sociedades de dar respuestas colectivas adecuadas a los impactos que se puedan anticipar y de direccionar y acelerar los procesos de cambio en sentidos positivos”.

Por ejemplo, es necesario desde ya tener una reacción al tener una población envejecida. En 2050 se espera una población total de 776 millones de los cuales el 20 %, 155 millones de personas, serán adultos mayores; y en 2100 el porcentaje de adultos mayores será del 30 %, alrededor de 204 millones de personas, de un total de 680 millones de habitantes.

De hecho, el año 2050 marcará un hito en el sentido de que será el año en que la proporción de adultos mayores de 65 años empezará a exceder la proporción de jóvenes entre 15 y 29 años de edad por primera vez en la historia de la región.

¿Qué significa esto para el mundo del trabajo en América Latina y el Caribe? Un alto crecimiento de la demanda por ocupaciones en la economía de la salud y del cuidado, tales como doctores, enfermeras, fisioterapeutas, servicios hospitalarios y de “vida asistida”.

La consecuencia de trabajadores envejecidos es una situación de la que también habla el FMI.

Otro hecho que inquieta a la OIT son las altas tasas de desempleo juvenil, las altas proporciones de jóvenes ninis (ni estudian, ni trabajan) cifras que sugieren que los países no están aprovechando el bono demográfico en todo su potencial. Otro impacto es el riesgo de mayor desigualdad: los trabajadores con altas calificaciones y conectados a la tecnología ganan, y aquellos con bajas calificaciones y desconectados tienden a perder.

Para Salazar “el futuro del trabajo en la región será mejor en la medida que existan políticas claras de desarrollo productivo y de talento humano, para transformar un modelo de crecimiento aún muy dependiente de productos primarios, bajo una visión común forjada en sólidos procesos de diálogo social”.