Un nuevo Somoza

  Actualidad

Un nuevo Somoza

El triunfo de la Revolución sandinista en 1979 fue una reivindicación de dignidad histórica. Esa sociedad había sufrido el acoso intervencionista de una política imperial que consideraba a América Latina como su patio trasero. Estados Unidos, utilizando a títeres que terminaban como propietarios de cada uno de esos países, disponía del destino de comunidades que se desenvolvían en difíciles condiciones de supervivencia y que sufrían la opresión de esos regímenes. Esa actitud de desprecio y agresión mereció respuestas como la que diera Augusto César Sandino en Nicaragua. Las fuerzas de ocupación, y sus peones debieron emplearse a fondo para impedir que la revuelta popular triunfara. Sandino fue asesinado, y se inauguró desde entonces una etapa en la que se sucedieron varios miembros de esa familia troglodita y feroz. Mucho tiempo después, gracias a la iniciativa de un grupo de estudiantes, intelectuales y trabajadores, de entre los cuales sobresalió Carlos Fonseca Amador, recogiendo el legado que dejara el emblemático líder, se fundó el Frente Sandinista de Liberación Nacional, se inició un duro proceso de lucha y se terminó con ese tenebroso régimen.

Los años pasaron, se sucedieron en la presidencia personajes como Daniel Ortega y Violeta de Chamorro; participaron en altas posiciones figuras de significativa importancia, como Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Virgilio Godoy, entre muchos, hasta que a partir del 2007 se inició un período gubernamental que dura ya once años, bajo la égida de Ortega. Este régimen, mal llamado “sandinista”, ha seguido el macabro ejemplo del somocismo. Ha establecido una estructura de poder familiar, se ha aliado con la derecha más retrógrada, se ha apoderado de gran parte de la riqueza social y ha desatado una represión extrema en contra de los estudiantes y los sectores sociales que se le oponen.

Lo que ocurre hoy en Nicaragua no solo se debe a las reformas del seguro social. Es una respuesta de la indignación y la rabia frente al abuso y el latrocinio del gobierno de Ortega.