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Un nuevo periodo legislativo
Se espera que el título del presente editorial pueda ser modificado por la práctica y que no se trate únicamente de un nuevo periodo legislativo sino de un auténtico nuevo parlamento.
La duda tiene sustento en la crónica devaluación del quehacer político que sufre la República y, como podría señalarse que esa apreciación ciudadana ha sido inducida por los medios de comunicación colectiva, bien cabe dejar establecido que nada satisfaría más a quienes trabajan en ellos, que tener una Asamblea Legislativa reivindicadora del valor de lo que algún sabio académico (Bernard Williams) calificaba, intentando establecer su concepto de política, como “simplemente el instrumento ejecutivo de la más grande felicidad del mayor número”.
Ocurre que de un tiempo a esta parte el quehacer político está gravemente devaluado y por consiguiente, también los actores políticos.
Pocos son los ecuatorianos que todavía confían en las ofertas políticas y muchos los que mantienen incertidumbre respecto al cumplimiento de, incluso, las promesas de los políticos.
Es de esperar entonces que el periodo legislativo recién iniciado, al menos procure devolverle protagonismo y prestigio a la función Legislativa, superando taras antiguas y recientes.
En efecto, se pasó del circo de los espectáculos grotescos a la ausencia de una de sus tareas claves: la fiscalización, y sin que se pudiese determinar a ese hecho como causante de la gran corrupción que empaña la calidad democrática del país, es innegable que haber dejado de ejercer esa obligatoria atribución, coadyuvó a la proliferación de los actos de corrupción, sabiendo sus actores que tendrían impunidad garantizada, dada la conocida inercia de los organismos de control.
La voluntad de legislar sobre asuntos vitales para la vida nacional, haciéndolo a última hora y de manera precipitada, contribuyó también a que se añadan nuevas razones a las ya acumuladas respecto a una función que con su eficiente funcionamiento es un factor clave para mantener el equilibrio de los poderes, situación sana y por demás deseable para superar las tentaciones totalitarias que han venido acechando al Ecuador, sin que se hagan ni siquiera intentos morigeradores.
En cualquier caso, es imperativo corregir comportamientos sin volver a pugnas de poderes o a las aplanadoras.