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Novelas de la realidad
La ficción policial en Ecuador crece en número de obras. En la Feria del Libro de Guayaquil se discutió su situación actual.

Atrapar al criminal no es la parte más emocionante de las novelas de género policial. Lo que el lector disfruta es el proceso: el arte de reunir piezas, atar cabos e imaginar la forma que deben tener las partes del rompecabezas que pretende construir. Este esquema es el que, hace algunos años, ha propiciado el desarrollo de la ‘novela negra’ en el país.
El misterio como hilo conductor de obras nacionales ha llamado la atención, que incluso tiene un libro dedicado a su estudio. La Feria del Libro de la ciudad, que durará hasta hoy en el Centro de Convenciones, también quiso hablar sobre el fenómeno y presentó un panel conformado por Santiago Páez, Luis Carlos Mussó y Rocío Madriñán, en el que analizan su situación.
Santiago Páez, docente y autor de dos novelas de este género, considera que su crecimiento se debe a que “sirven mucho para hablar de nuestras sociedades. Es realismo, lo que la convierte en una gran herramienta para mostrar el mundo que nos ha tocado vivir”. No obstante, explica que, a su criterio, los lectores son omnívoros, por lo que no consumen un género en específico y que los escritores tocan este género, más no se establecen en él.
En cambio, para Rocío Madriñán, escritora de una saga policial, este tipo de novelas era considerado un género menor, incluso, se confiesa discriminada en sus inicios por su escritura, pero que al romper el prejuicio, entonces ha suscitado el interés de los escritores por incursionar en él. Concuerda con Páez al decir que ninguna novela policial puede “escaparse de la realidad social y que el escritor debe tener una sensibilidad especial para captar la naturaleza humana”.
A este criterio se une Luis Carlos Mussó, autor de ‘Teoría del manglar’. Él reconoce que la novela policial ha tenido un impulso en las últimas dos décadas y que es la oportunidad para “sentar las bases de una literatura policial con personajes nacionales” que, además, puedan traspasar las fronteras. Agrega que esto también se debe a que “al autor de la novela policial de Latinoamérica le importa mucho la corrupción”.
Mientras, Páez cree que el formato policial está limitado, según lo que explica Madriñán, ella lo contradice y cree que aún el género policial tiene muchas posibilidades para sorprender al público porque tiene la clave que, desde los clásicos ha logrado seducir al lector: el suspenso.
Entre detractores que lo llaman ‘subliteratura ‘y defensores que creen que este es uno de sus mejores momentos, la literatura policial ecuatoriana sigue creciendo en títulos y seguidores. Después de todo, serán los lectores los jueces que determinarán su momento dorado o su fracaso.