El nivel academico es solo un plus en los presidenciables

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El nivel academico es solo un plus en los presidenciables

Los títulos académicos son sinónimo de conocimiento en un área específica, pero llegar a la presidencia requiere dominar muchos aspectos a la vez.

El expresidente Lucio Gutiérrez es de los que consideran que el nombre de un presidenciable debe estar acompañado de una “sólida preparación académica”.

Poco se habla de las credenciales académicas de los candidatos a la presidencia. Se entiende que si aspiran a la primera magistratura del país, sostienen bajo el brazo una hoja de vida llena de largos nombres de títulos, diplomas y masterados. En la lista de ocho aspirantes presidenciales está representado un abanico de profesiones que van desde médico y licenciado hasta los infaltables abogado y doctor en Jurisprudencia.

Los títulos académicos son sinónimo de conocimiento en un área específica, pero llegar a la presidencia requiere dominar muchos aspectos a la vez. León Roldós, quien fue rector de la Universidad de Guayaquil durante 10 años, traduce esto en dos palabras: formación y capacidad. “El título no hace al ser humano. Hay actores que en la sociedad y en la economía han demostrado una capacidad de gestión. Su experiencia, formación, objetividad superan el hecho de tener un título”.

El panorama actual devela una primera certeza: el próximo mandatario no tendrá un PhD. El presidente Rafael Correa es el primero en la historia en llegar al sillón de Carondelet alcanzando el máximo nivel de estudios académicos al que puede llegar una persona, en su caso doctor en Economía. Sin embargo, sectores productivos y de oposición cuestionan sus medidas económicas, como el alza de impuestos, las salvaguardias, el endeudamiento y más.

Correa es el único presidente economista desde el retorno a la democracia en 1979. Desde ese año hasta la actualidad, 12 hombres han ejercido el cargo: dos abogados, cinco doctores en Jurisprudencia, dos ingenieros, un arquitecto y un médico.

El expresidente Lucio Gutiérrez es de los que consideran que el nombre de un presidenciable debe estar acompañado de una “sólida preparación académica” y, adicionalmente, valores éticos, morales, cívicos y patrióticos. El ahora aspirante a la Asamblea Nacional es ingeniero civil. Su preparación, relata, le sirvió durante su gestión en la supervisión y contratación de obras como hidroeléctricas y carreteras. En las decisiones complicadas (económicas y políticas) el título quedó a un lado.

Si bien la formación académica de un aspirante presidencial no es un aspecto decisivo al momento de concederle el voto, sí es un factor que invita a pensar al votante.