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De nino tempestuoso a presidente de EE. UU.

Una bella casa de columnas victorianas, en una colina con varios robles de un próspero enclave de Nueva York: aquí creció Donald Trump, turbulento e imprevisible desde la infancia, pero a quien su estricto padre encarriló en una gran carrera inmobiliaria.

El presidente electo de Estados Unidos nació el 14 de junio de 1946 en el entonces muy ‘blanco’ barrio de Jamaica Estates en Queens, a una hora de la Quinta Avenida donde reina hoy la Trump Tower. Es el penúltimo de cinco hijos de una típica familia de la posguerra.

Su madre, Mary McLeod, acababa de llegar de Escocia. Su padre, Fred Trump, encarnaba el sueño americano: nacido en Nueva York de un padre llegado de Alemania, empresario inmobiliario, “trabajaba duro” y “contribuyó a desarrollar el barrio” de Jamaica Estates al construir allí varias casas.

Y lo logró, porque la familia Trump era “la única del barrio que tenía choferes”, contó uno de los pocos vecinos aún con vida que lo conocieron, y que pidió solo ser identificado por su primer nombre, George.

Fred Trump inició a Donald en el sector inmobiliario llevándolo consigo muy rápidamente en sus viajes.

Su madre, Mary Trump, amaba lo mundano y lo grandioso. Trump pasó horas en junio de 1953 mirando con ella la coronación de Isabel II, que le fascinaba. Es en parte por ella, luego dirá Donald, que tiene “un don para la puesta en escena” que tornó en un éxito su programa de telerrealidad ‘The Apprentice’ (El Aprendiz), antes de atraer multitudes a sus actos de campaña.

Al alba de su adolescencia, Donald se tornó un granuja e hizo escapadas secretas a Manhattan. Cuando su padre (que prefería mantener sus negocios en Queens y Brooklyn) se enteró, su veredicto no tuvo apelación: a los 13 años Donald Trump debía partir del capullo familiar y fue enviado como interno al liceo militar de Cornwall, en el norte del estado de Nueva York, cerca de la academia militar de West Point.

Salió el último año con el rango de capitán de los cadetes y la distinción menos formal de ‘don Juan’, después de haber llevado al campus bellas jóvenes.

Gracias a un préstamo de su padre, Donald Trump se lanzaría finalmente como empresario inmobiliario. Y después de obtener su diploma en negocios en la prestigiosa escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, construiría un imperio en Manhattan, donde su padre siempre se negó a aventurarse.

Una bella casa de columnas victorianas, en una colina con varios robles de un próspero enclave de Nueva York: aquí creció Donald Trump, turbulento e imprevisible desde la infancia, pero a quien su estricto padre encarriló en una gran carrera inmobiliaria.

El presidente electo de Estados Unidos nació el 14 de junio de 1946 en el entonces muy ‘blanco’ barrio de Jamaica Estates en Queens, a una hora de la Quinta Avenida donde reina hoy la Trump Tower. Es el penúltimo de cinco hijos de una típica familia de la posguerra.

Su madre, Mary McLeod, acababa de llegar de Escocia. Su padre, Fred Trump, encarnaba el sueño americano: nacido en Nueva York de un padre llegado de Alemania, empresario inmobiliario, “trabajaba duro” y “contribuyó a desarrollar el barrio” de Jamaica Estates al construir allí varias casas.

Y lo logró, porque la familia Trump era “la única del barrio que tenía choferes”, contó uno de los pocos vecinos aún con vida que lo conocieron, y que pidió solo ser identificado por su primer nombre, George.

Fred Trump inició a Donald en el sector inmobiliario llevándolo consigo muy rápidamente en sus viajes.

Su madre, Mary Trump, amaba lo mundano y lo grandioso. Trump pasó horas en junio de 1953 mirando con ella la coronación de Isabel II, que le fascinaba. Es en parte por ella, luego dirá Donald, que tiene “un don para la puesta en escena” que tornó en un éxito su programa de telerrealidad ‘The Apprentice’ (El Aprendiz), antes de atraer multitudes a sus actos de campaña.

Al alba de su adolescencia, Donald se tornó un granuja e hizo escapadas secretas a Manhattan. Cuando su padre (que prefería mantener sus negocios en Queens y Brooklyn) se enteró, su veredicto no tuvo apelación: a los 13 años Donald Trump debía partir del capullo familiar y fue enviado como interno al liceo militar de Cornwall, en el norte del estado de Nueva York, cerca de la academia militar de West Point.

Salió el último año con el rango de capitán de los cadetes y la distinción menos formal de ‘don Juan’, después de haber llevado al campus bellas jóvenes.

Gracias a un préstamo de su padre, Donald Trump se lanzaría finalmente como empresario inmobiliario. Y después de obtener su diploma en negocios en la prestigiosa escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, construiría un imperio en Manhattan, donde su padre siempre se negó a aventurarse.