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Muletilla del fraude
La vieja muletilla del fraude electoral que invocan “a humo de pajas”, cuando no sin el menor sustento ciertos candidatos perdedores en las lides electorales a las que se postulan para alcanzar alguna dignidad pública, la primera magistratura del país, una alcaldía municipal o un escaño en el Congreso, ha vuelto a ser invocada, ahora teatralmente por Andrés Páez -político profesional, binomio de Guillermo Lasso, candidato presidencial de SUMA-CREO-, tras conocerse oficialmente los resultados de las elecciones del 19-F que declararon triunfador de la primera vuelta al binomio Moreno- Glas, candidatos de Alianza País, el partido gobernante, y en segundo lugar al binomio Lasso-Páez.
“Posicionar la idea que existió o existirá un fraude electoral”, según estima César Navas, ministro coordinador de Seguridad del actual Gobierno, habría sido el objetivo de las declaraciones del Gral. Luis Castro, al asegurar que los militares no manejaron toda la cadena de custodia del material electoral durante las elecciones, hechas a raíz de que el presidente Rafael Correa expidiera el Decreto Ejecutivo que lo cesó en sus funciones de comandante de la Fuerza Terrestre. Cuando Andrés Páez, en la semana posterior a las elecciones llamaba a un “pronunciamiento militar” respecto de su denuncia de un supuesto fraude electoral, Castro intentó reunir al Consejo de Generales con ese objeto, en conocimiento de lo cual Ricardo Patiño, ministro de Defensa, vía Twitter, le respondió: “Al comandante de la Fuerza Terrestre le corresponde dar seguridad al proceso electoral. No le compete dar declaraciones políticas ni pretender constituirse en árbitro electoral. Le está prohibido por la ley”. El mismo día, el presidente Correa, como debía ser, cesó al Gral. Castro de sus funciones de comandante de la Fuerza Terrestre. No se puede en asunto tan delicado como el cuidado y respeto de la voluntad popular, andarse por las ramas. Menos aún cuando es el hombre de uniforme el que se acerca a la posibilidad de intervención y acción política. El Ejército, como depositario y agente de la fuerza pública, es el único organismo que puede cumplir esa función de custodio con la plena confianza de la ciudadanía. Traicionarla sería una imperdonable traición a la patria.
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