La mujer en el siglo XIX

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La mujer en el siglo XIX

A finales del siglo XIX, y en la línea del pensamiento conservador, se exponía lo que debía ser una familia y los roles que tanto hombres y mujeres debían jugar dentro de ella.

En la familia la autoridad indiscutible la ejercía el padre, cuyo espacio era el “...extradoméstico, el mundo de la política, de los negocios y del trabajo”. A la mujer, por su parte, le correspondía la esfera doméstica, además de la crianza y educación moral de los hijos y de formarlos como buenos patriotas.

El padre tenía asignado el rol de ser el jefe del hogar, dado que era “...el representante de la creación, el autor de la raza en quien se personifica la autoridad de la comunidad doméstica, la más alta de todas las autoridades humanas, por su legitimidad y su destino”. A la madre le correspondía transmitir “...la delicadeza y distinción de sentimientos que establece el respeto y las consideraciones recíprocas; las madres, y no otras, tienen la suavidad necesaria para modelar el corazón de sus tiernos hijos, su palabra la eficacia para temperar las asperezas del padre, su consejo, oportunidad en los asuntos de familia en los cuales no raras veces su previsión y sentimiento vencen a la pura razón y al cálculo” (La Verdad, 1896).

Se ponía de relieve la relación estrecha entre familia y patria, y cómo era imposible desvincular a la una de la otra. Así lo sostenía una publicación del año 1901: “El amor a la patria nace de un cúmulo de circunstancias así físicas como morales y entre estas una de las más eficaces para engendrar en el corazón del ciudadano el afecto a la patria, es la familia”.

Esta asignación de roles y de funciones que tenían los hombres y las mujeres empezó a cambiar luego del triunfo de la Revolución Liberal. Una de las preocupaciones de Eloy Alfaro fue la situación de la mujer y el papel que debía cumplir en la sociedad, y cómo su situación podía modificarse a través del acceso a las universidades y de la participación en empleos públicos, lo que hizo efectivo años más tarde con la contratación de mujeres en las empresas de correos del país y como telegrafistas.

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