Monte Sinai

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Monte Sinai

Dada su amplia mención en los textos bíblicos, probablemente fue un sacerdote o algún pastor promotor de invasiones el que sugirió que a esa zona de asentamientos irregulares en los cerros cercanos a Guayaquil se la llame Monte Sinaí.

Las denominaciones de los alrededores, en las zonas bajas al pie de las elevaciones, son más bien guerreras: Bastión Popular; y hasta románticas: Flor de Bastión, o una mezcla de ambos sentimientos: El Fortín de la flor.

El hecho cierto es que de pronto una mezcla de actores sin vivienda, de distinto pelaje político o sin tal pelaje, decidió conseguir su “terrenito”, aunque sea trepándose a los cerros y así, para librarse de los traficantes más tradicionales, quedó en manos de otras formas de negociantes de la voluntad popular un tanto más sofisticados.

En estos días en que ha regresado la lluvia, se vuelve con ella a renegar por los destrozos que causa y se insiste en que “alguien” dé una solución.

El problema es que las soluciones no son fáciles y además, son costosas y, peor todavía, no queda claro a quién le toca realizarlas.

Las invasiones generan una especie de limbo jurídico que facilita el mirar para otro lado cuando estas se dan y también cuando surgen los problemas.

Siendo evidente el riesgo de que allí se produzca una gran tragedia que cobre vidas humanas, resultaría oportuno realizar un esfuerzo combinado de los pobladores, el Municipio y la Gobernación, y que con apoyo del Gobierno central se tomen cartas en el asunto.

Y es que si bien los moradores tienen sus ideas de lo que hay que hacer, en la base del problema hay aspectos técnicos a considerar. Sin duda, esos cerros no son aptos para alojar viviendas. Su vocación, con sus fuentes de agua incluidas, era para la producción agrícola que allí se daba antes de las invasiones. Al coparse los espacios por la construcción de casas, apretujadas unas contra las otras, se dificulta el escurrimiento natural y si llueve mucho y durante largo tiempo ocurre lo que comento.

Hace falta tomar en serio la búsqueda de una solución técnica y humana, que sí existe.