Moneda fuerte: economia debil

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Moneda fuerte: economia debil

Moneda fuerte: economía débil

La dolarización no fue una estrategia de política pública de Mahuad sino una inevitabilidad luego de que la situación se había salido de las manos. No le sirvió al presidente para sostener su gobierno, pero sí permitió cambiar el paradigma de la economía nacional pues paró en seco la inflación luego de cubierto el rezago cambiario de los bienes no transables. Desde entonces, el régimen dolarizado funciona como un “patrón oro”; la liquidez en la economía depende del saldo entre los ingresos y egresos de dólares. Al no haber moneda propia el banco de emisión deja de tener razón de ser y la “reserva” pasa a manos del público y del gobierno. Los resultados macroeconómicos se dan como consecuencia de las acciones y decisiones tomadas en materia de política fiscal, política que, en un mundo ideal, debería de buscar que el equilibrio de sus cuentas sea compatible con crecimiento sustentable.

Lamentablemente, los supuestos que hacen funcionar la dolarización (como en Panamá) o que permiten la existencia de una moneda local sana (como el Nuevo Sol en Perú) no se dan en Ecuador. Las monedas fuertes están normalmente asociadas con economías fuertes las que, siendo altamente competitivas, ofertan los mejores productos y servicios, óptimas condiciones para hacer negocios y, como consecuencia, logran que su moneda sea “deseada”, subiendo su cotización.

Si el país (o la economía) es débil, la moneda no puede ser fuerte. ¿Podría entonces argumentarse que por usar moneda prestada estamos sujetos a las veleidades de factores que no controlamos? Ese razonamiento asume que la moneda determina la competitividad cuando, como lo he argumentado, es precisamente al revés: la competitividad determina el valor de la moneda. Y, entonces, ¿qué es la competitividad? La definición corta vincula a la producción con el uso de los factores (capital, tierra, trabajo, y tecnología disponible) y ubica la productividad (costo/eficiencia) dentro de un rango de economías que interactúan. La competitividad por lo tanto tiene que ver con la libertad para emprender, con la calidad de las inversiones y la integración de los mercados de factores y productos. Ecuador tiene importantes recursos naturales que están medianamente aprovechados, los recursos humanos no están debidamente calificados por educación o destrezas, y la densidad del uso de la tecnología es baja.

En dolarización el ajuste macroeconómico se produce por la pérdida del empleo y los ingresos. El desempleo en Ecuador sube aceleradamente, los ingresos de los hogares bajan, el Gobierno hace un esfuerzo mañoso y equivocado por equilibrar sus cuentas, hay deflación y no hay crecimiento. Si se abandonase la dolarización, sin embargo, ello no aumentaría la competitividad sino que nos introduciría de nuevo en las traumáticas experiencias de la inflación, las devaluaciones, y el estancamiento en el progreso material. Falta un Proyecto Nacional en Ecuador y ello acarrea una débil identificación de país, cuyas consecuencias están a la vista. Por otra parte, es menester no olvidar que la dolarización nos mantiene alejados del abismo por donde Venezuela transita, y hacia donde Argentina parece dirigirse con paso certero.