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De modelos y ajustes economicos

Hacer comparaciones de modelos económicos es complicado, y más aún cuando como consecuencia de las comparaciones se hacen inferencias acerca de la normativa a seguir. Se argumenta que el uso de una moneda “dura”, al limitar las opciones de política monetaria, es un modelo inferior al basado en la autonomía monetaria.

Pero, hay que preguntar, ¿cuáles son esas opciones? En definitiva, todos los instrumentos de la política monetaria confluyen en el objetivo de regular la liquidez, que es otra forma de referirse al crédito, y, puntualmente, al crédito otorgado al Gobierno para solventar el gasto público. Cuando se tiene moneda propia, el Banco Central atiende las demandas gubernamentales echando a andar la “maquinita de hacer billetes”. Con esta acción se deprecia la moneda, se produce inflación, baja el poder adquisitivo de los asalariados y eventualmente se procede al cambio de paridad.

Con moneda dura el ajuste no puede darse por el tipo de cambio, ocurriendo este por el lado de la producción, el empleo y los ingresos. No hay inflación, pero sí recesión. Con moneda propia hay claros ganadores (generalmente los dueños de los recursos productivos) y perdedores (los que perciben sueldos o rentas fijas). Con moneda dura, en cambio, los perdedores incluyen tanto a los productores como a los consumidores de bienes y servicios.

Los ajustes se dan en presencia o en ausencia de lo que hagan los gobiernos. Al igual que lo que sucede con el organismo humano, el organismo económico que tiene sobrepeso debe someterse a dieta para recuperar la salud. Debemos por ello entender que el ajuste, primero, es consecuencia de desajustes previos; segundo, es inevitable si se quiere emerger de la crisis; tercero, invariablemente requiere sacrificios. El ajuste se justifica como medio para retomar la vía de la productividad y ser más competitivos. El simple cambio de paridad (devaluación) produce un cambio cosmético que, al no estar sustentado en un mejor uso y remuneración de los recursos, da paso a un ciclo vicioso de desajuste, desempleo, devaluación, inflación y nuevo ajuste.

Los ecuatorianos respaldamos la dolarización porque sabemos que la disciplina que esta impone es el mejor antídoto contra el libertinaje fiscal, que pretende crear milagros de la nada.