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Mito economico de las Olimpiadas

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Según la leyenda olímpica, ser anfitrión de los Juegos constituye un gran beneficio económico para la ciudad y el país elegidos. En realidad, resulta más frecuente que los Juegos sean un despilfarro, algo que Río de Janeiro está descubriendo. Consideremos la forma en que se asignan los Juegos a una ciudad. El Comité Olímpico Internacional (COI), un monopolio global no regulado, lleva adelante una subasta bianual donde las ciudades del mundo compiten entre sí para demostrar su idoneidad. Los ejecutivos de las empresas -frecuentemente, del sector de la construcción- que se beneficiarían con la preparación de los Juegos suelen liderar el proceso de licitación de las ciudades candidatas, que ofrecen espléndidos lugares deportivos, ostentosos espacios ceremoniales, redes de transporte recién construidas, lujosos alojamientos para los atletas, y centros de medios y difusión. El resultado: las ciudades ganadoras suelen ofertar por encima de sus posibilidades. El coste de alojar las Olimpiadas de verano va de 15.000 a 20.000 millones de USD, que incluyen construcción y renovación de las instalaciones, las operaciones y la seguridad, y la infraestructura adicional. Los ingresos totales para la ciudad anfitriona derivados de su participación en los contratos televisivos internacionales (aproximadamente el 25 %, ya que el 75 % restante va al COI), patrocinios internacionales y locales, ventas de entradas y objetos de interés es de 3.500 a 4.500 millones de USD. Es decir, los costes superan cómodamente a los ingresos por unos 10.000 millones de USD o más. Quienes compiten para que su ciudad aloje los Juegos suelen argumentar que los déficits de corto plazo se convertirán en ganancias a largo plazo, porque aumentarán el turismo, la inversión extranjera y el comercio, y ni hablar de la mejora en la moral nacional. Nuevamente, la evidencia empírica no respalda esta extravagante afirmación. El caso es que los turistas habituales evitan las ciudades que alojan los Juegos Olímpicos mientras dura el evento, debido a las multitudes, las demoras en el transporte, los precios inflados y las posibles amenazas a la seguridad. Y ninguna empresa inteligente invierte o toma decisiones comerciales simplemente porque la ciudad ha alojado los Juegos Olímpicos. El gasto para la ciudad genera dificultades fiscales e implica un entorno de negocios menos favorable. Una ciudad alguna vez conocida por su belleza natural y estilo de vida divertido ahora lo es por la corrupción, violencia, problemas de tráfico, contaminación, la inestabilidad política y el virus del Zika. Un área en la que algunas ciudades anfitrionas -aunque no todas- pueden lograr ganancias en el largo plazo es el gasto en infraestructura. En el caso de Río, una inversión de 1.000 millones de USD para el desarrollo de infraestructura productiva no logra compensar los 19.000 millones restantes gastados, que no mejorarán la ciudad para la mayoría de sus residentes ni visitantes regulares. Junto con una infraestructura inútil y perjudicial, los Juegos han tenido un coste humano. Alojar los Juegos Olímpicos es una gran apuesta económica para cualquier ciudad. Las menos desarrolladas, con infraestructura inadecuada, deben gastar más para cubrir los requisitos, mientras que las más desarrolladas cuentan con infraestructura, pero no necesariamente con la tierra, y se arriesgan a perturbar el desarrollo de industrias florecientes para llevar a buen término los Juegos.

Project Syndicate

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