El mercado: protector supremo

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El mercado: protector supremo

En el último año la prensa internacional especializada ha comentado, en forma abundante y persistente, noticias sobre la crisis de General Electric (GE). Esta empresa centenaria es una de las más antiguas en EE. UU. y la única que queda de las iniciales que formaron parte del índice bursátil Dow Jones, cuando nació en 1896. Las demás fueron reemplazadas en el paso de los años.

Por decenios fue modelo de organización. Numerosos libros se escribieron sobre las técnicas gerenciales de sus presidentes ejecutivos; llegó a valer 400.000 millones de dólares, equivalente a 4 veces el PIB de Ecuador. Hoy el valor es la mitad, los accionistas han perdido 200.000 millones de dólares. Errores cometidos por la gerencia llevaron a GE a una situación nunca antes vivida: elevado endeudamiento, algunos negocios sin futuro, pobre rentabilidad, el valor de las acciones no para de caer, etc. Hay nueva administración; comenzó renovando parte de la junta directiva y está tratando de cambiar el rumbo de la empresa.

El duro castigo que GE ha recibido se debe exclusivamente a que opera en el sistema capitalista, tan criticado en ciertas regiones del mundo, como la nuestra. Churchill opinaba que es el menos malo de los sistemas económicos. No hay nada perfecto hecho por el hombre, pero es el que saca a los países de la pobreza. Debe preguntarse a chinos, vietnamitas y gobernantes de otras naciones asiáticas sobre sus éxitos, crearon su propio sistema capitalista.

Los que lo critican afirman, que venerar al mercado es no tener conciencia social; es todo lo contrario. El mercado, protector supremo de los consumidores, se asegura de que el comprador reciba la mejor calidad y precio de bienes y servicios. El mercado permite la sobrevivencia solo de las empresas más capaces. La historia es testigo de cómo corporaciones que se pensaban imposibles de fracasar, terminan desapareciendo o en casi total anonimato. El elevado porcentaje de mortalidad de las corporaciones es muy similar en todo el mundo, es casi un fenómeno universal: la excelencia en gerencia es una meta muy difícil de mantener a largo plazo.