Medios, corrupcion y desarrollo

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Medios, corrupcion y desarrollo

Con los cambios que se están dando, los medios de comunicación colectiva han intensificado algunos de sus roles más significativos en el combate a la corrupción o la difusión y tratamiento de problemas nacionales trascendentes, asumiéndolos con enorme dignidad y calidad, en consonancia con el papel cumplido en su propósito fundamental de informar.

Así, el domingo recién pasado pude disfrutar de dos programas de televisión muy bien producidos y magníficamente logrados. Los recomiendo y deberían observarlos en diferido.

En Visión 360, conducido por Tania Tinoco, se presentó la radiografía de otro despilfarro impulsado por la codicia, la demagogia y sobre todo, por una gran irresponsabilidad antipatriótica que ha permitido dilapidar enormes cantidades del dinero de todos, en obras de dimensiones faraónicas sin ninguna otra planificación que no sea la de contratarlas con los correspondientes sobreprecios e inaugurarlas oportunamente con fines electoralistas, sin que importe que ahora sean una oportunidad perdida para los que soñaron con el ansiado disfrute de contar con agua, que tendrán que seguir postergando por un buen tiempo.

Poco más tarde, en Hora 25, Andrés Carrión reunió a tres dirigentes paradigmáticos de la educación superior ecuatoriana: Augusto Barrera, Fernando Sempértegui y Carlos Larreátegui. Representaban funciones directivas en el Gobierno, en la educación superior pública y en la educación superior privada pero, eran visiblemente ecuatorianos de visión amplia, intentando superar las taras generadas por una mirada degradantemente ideologizada y sobre todo partidarizada, que predominó hasta hace poco, y por ello se manifestó voluntarista y sectaria respecto a la percepción de lo que debe hacerse para garantizar un “sine qua non” de la posibilidad del desarrollo: la difusión y la generación de conocimiento oportuno y pertinente. Por supuesto, desde el eje de la pertinencia y la elemental e imprescindible articulación con la visión del Gobierno, solo respetando su autonomía podrá la universidad fructificar con excelencia. La buena televisión permitió ratificarlo.

P. D.: ¡Que viva el 4 de Julio!