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Al fin en sus manos

La fiesta estaba armada desde hace seis días, cuando matemáticamente se coronaron campeones de la Premier League de Inglaterra, gracias al empate del Tottenham. Esa misma tarde hubo festejos en la casa del delantero Jamie Vardy y en las calles de Leicester.
Pero, la alegría no estaba completa. Faltaba la fiesta en su cancha y con el trofeo, el que tanto buscaron desde la primera fecha y por el cual tuvieron que romperse semana a semana, convencidos de que podían y demostrando al mundo de que eran un equipo para temer.
Por ello, la fiesta de ayer tuvo mucha dosis de paz. Los típicos nervios y las comidas de uñas buscando un resultado quedaron atrás. Esta vez todo fue abrazos y felicitaciones. Las lágrimas siguieron apareciendo, pero eran de inmensa felicidad. No había espacio para nada más. Solo alegría.
Los hinchas llegaron temprano con sus propios trofeos, pancartas, disfraces y todo lo necesario para encender la fiesta azul. La música de bienvenida estuvo a cargo nada menos que del tenor italiano Andrea Bocelli, quien hizo las delicias de los casi 33.000 espectadores con el aria ‘Nessun Dorma’, de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini, y la canción ‘Time To Say Goodbye’.
Eso fue antes del partido contra Everton. Sí, también había fútbol ayer. Claro, era como un espectáculo de medio tiempo antes de la levantada del trofeo. Aun así fue muy dulce porque ganaron 3-1.
Tras el partido los jugadores recibieron sus medallas. Pasaron uno por uno hasta que llegó el momento esperado: el capitán Wes Morgan se acercó hasta la tarima, recibió su presea dorada y junto con el entrenador italiano, Claudio Ranieri, levantaron al cielo la Copa como una ofrenda para los hinchas, mientras los demás futbolistas saltaban enloquecidos, explotaban los fuegos artificiales y el confeti inundaba el escenario de los nuevos reyes de Inglaterra.