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El mal vecino

El Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte con México se inició el miércoles en Washington con los peores augurios debido a las repetidas declaraciones supremacistas del presidente norteamericano Donald Trump respecto a su proyecto de levantar un muro a lo largo de toda la frontera, que además se lo haría pagar a los mexicanos. El canciller mexicano Luis Videgaray, saliendo por los fueros de la dignidad de un país orgulloso de su historia y de sus ancestros originarios, dejó en claro por que su nación participa en la renegociación del TLC de buena fe y con una actitud constructiva, y se continuará solo si así conviene al interés nacional, agregando que para ello México cuenta con un equipo extraordinariamente calificado y con experiencia, que encabeza el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo. “México es más grande que el TLC y debemos estar preparados para los distintos escenarios que puedan resultar de esta negociación. No estamos negociando el tratado por redes sociales o a través de Twitter, lo estamos haciendo con profesionales, actuando de buena fe, y solo seguiremos en este tratado si así conviene al interés nacional”, ha dicho en su primera intervención, en la que también asumió una postura firme respecto al muro fronterizo que pretende construir la administración Trump, según la agencia de noticias La Reforma. “México no pagará de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia un muro que se construya en territorio estadounidense a lo largo de la frontera con México”, dijo enfáticamente Videgaray en su comparecencia ante el pleno del Senado de su país, siendo aplaudido de pie. La Casa Blanca, en tanto, entregó al Congreso una larga serie de medidas migratorias que Trump demanda que sean cumplidas a cambio de avalar cualquier acuerdo para proteger a los jóvenes indocumentados conocidos como los “dreamers”, provengan de donde provengan, de su vecino del sur especialmente. Revive Trump con fuerza la imagen del país del “Gran garrote” en lugar de su prédica usual de la mano extendida del buen vecino. Pero ya nuestros países no se equivocan, aunque a disgusto tengan a veces que cobijarse bajo la égida del más fuerte. Como en el tiempo de las cavernas.