Entre mafias, rectos y corruptos
Triste el destino que le toca al mundo hoy. Precisamente ahora, cuando todos creyeron que mejores tiempos llegarían con la globalización, la tecnología y la ciencia, con sus grandes logros, procesos y objetos para uso cotidiano, y que con la caída del Muro de Berlín se sepultaban los últimos vestigios del totalitarismo, nuevos hechos y problemas aquejan a la humanidad.
Es difícil para la sociedad actual, interconectada y de realidades virtuales de cada momento, unir vida y cotidianidad con los nuevos vicios, desvíos y mafias que han surgido para interrumpir la paz ciudadana. Ya no hay tranquilidad. La violencia, el terrorismo, el narcotráfico, el accionar de las mafias, los actuales fundamentalismos étnicos y culturales, los renovados dogmatismos, copan el escenario.
Pero si como esto no fuera suficiente, un fuerte hedor, un olor a estiércol daña la política y destruye los valores, la ética y la moral de los líderes y dirigentes. Todo se vuelve líquido. Aparecen y son promovidos a caudillos, gobernantes y nuevos mesías improvisados y elementales políticos de pacotilla. No necesitan discursos y razones de promoción. Solo difundir dogmas, ilusiones, profecías y un calendario interminable de oraciones, creencias, consignas y frases que los marqueteros políticos se encargan de promover y posicionar como “ideas”, “pensamientos”, “razones”. Pero que no son sino elementales y ridículas expresiones banales que contradicen y niegan el sentido común.
Para esto no estaba preparada la sociedad global, nacional y local, que está inerme, desprotegida, atónita y gritando su desamparada angustia en ambientes sociales copados por la propaganda y las mentiras, hechas perfumadas consignas.
Ante esto, ¿qué pueden hacer la sociedad y la ciudadanía si son atacadas por todos los frentes? La ofensiva del narcotráfico no solo es insólita sino audaz. También las prácticas del yihadismo, que matan inocentes en nombre de un dios vengativo y sangriento que nadie comprende. Junto a ellos, las corruptelas de líderes, charlatanes y vendedores de ilusiones se presentan como mesías del socialismo del siglo XXI.
colaboradores@granasa.com.ec