Actualidad
Madres del siglo XXI
El ahora es duro y de prueba. Trae tormentas sociales que licuan todo: relaciones humanas, afectos, amistad, ternura, amor, vínculos, etc. Sin embargo la condición materna, consanguínea, cultural y afectiva, sigue indoblegable. No cede ni desmaya. Continúa sólida aunque la tempestad arrecia para hacerla líquida. Resiste y cambia tácticas y estrategias. No se desvanece ni evapora. No es virtual, banal, ni plástica. Es biopsíquica y sociocultural. Esa es la fortaleza material-espiritual de las madres de la actualidad.
Saben que el hoy las asedia y asecha. No claudican. Por eso hay madres solteras, abandonadas, traicionadas, del sexo-servicio y mil oficios más, que asumen su condición y trabajan para que sus hijos coman, pues el macho que engendró, cobardemente abandonó el crío.
Esto explica por qué en contextos crecientes de juventud plástica y vida banal surgen adolescentes que desde la maternidad, no buscada pero asumida, se hacen mujeres-madres sólidas. Por esto valoro a las sexoservidoras que dicen: “mi objetivo es recuperar mi cuerpo”(“Valeria”). Lo afirman porque lo comercian para que sus hijos coman.
Entiendo la fuerza infinita de las madres montuvias, que paren en er monte, amamantan a sus numerosos hijos y en la actual situación posterremoto, en Manabí, Esmeraldas y Los Ríos, no bebieron agua ni comieron para que sus niños lo hagan. Están en carreteras y caminos pidiendo ayuda para que sus hijos sobrevivan. Las madres son “antisísmicas” en lo físico, cultural, espiritual, psicosocial y afectivo.
Siempre hacen fluir y recrean sus capacidades de atención, de amor, prevención, comprensión humana y ternura. Los líderes soberbios, que viven de la confrontación, insulto y megalomanía no entienden por qué la maternidad de estas mujeres está más allá de eslóganess, dogmas, canciones y frases maniqueas.
Hoy, en su día, pueden darles flores, electrodomésticos, bombones y serenatas. Pero recuerden: eso no paga la deuda biosocial, afectiva, de ternura y amor que contrajimos cuando ellas pujaron o fueron a la cesárea, para que seamos lo que finalmente nos atrevimos y deseamos ser.
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