El ‘zoon politikon’-animal politico

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El ‘zoon politikon’-animal politico

El filósofo griego Aristóteles definía al hombre como un animal social, el ‘zoon politikón’ refiriéndose a que el hombre no puede desarrollarse en soledad ya que por su naturaleza requiere vivir en sociedad, dentro de alguna clase de comunidad en la cual primen las prácticas virtuosas y éticas de convivencia.

Hoy seríamos parte de los denominados países desarrollados, con estándares de vida elevados, con economías boyantes, si al principio aristotélico lo complementamos con la teoría evolutiva de Darwin, esto es, el proceso mediante el cual se van superando etapas de manera gradual y progresiva para alcanzar el estado ideal de desarrollo y prosperidad de la sociedad, liderada por un gobernante que trabaje efectivamente en dicho objetivo, a través de las prácticas virtuosas y éticas en el ejercicio del poder. Mas la realidad referente al electorado ecuatoriano, salvo honrosas excepciones, entendió mal aquello del ‘zoon politikón’, y en el ejercicio del poder, al animal social lo involucionaron dando como resultado el político depredador de recursos y derechos a través de prácticas antiéticas de extorsión, echando por tierra las teorías aristotélicas y darwinianas.

Los camisetazos, el cobro para nombramientos, los diezmos para mantenerlos; la impunidad y partidos o movimientos políticos convertidos en verdaderos cárteles de la corrupción, pugnando por entronizarse en el poder, demuestran ser en la práctica política nacional, la antítesis del deber ser de los principios aristotélicos y evolutivos de la sociedad.

El baratillo de ofertas copa el discurso de los tarimeros de la política nacional o seccional, camaleones que cambian de colores partidarios según la conveniencia y la ocasión.

Los modelos de gestión poco o nada importan, menos aún la capacidad o el pasado del candidato. El proceso electoral se convierte en el ‘reality show’ de la oferta ligera, de la promesa vana, lo cual nos lleva a reflexionar si el votante actúa como el animal social o como el animal político, que a sabiendas de que lo van a decepcionar igual juega al azar con el futuro a través del voto.