
Un ‘orificio’ de $ 7 millones en las bodegas del Seguro
Medicinas caducadas, insumos perdidos y compras innecesarias se detectan en el Instituto de Seguridad Social. El sistema médico enfrenta problemas.
No hay mal que dure cien años, pero casi. El sistema de salud pública continúa mostrando irregularidades e indicios de corrupción por la inoperancia de sus integrantes. El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) es el caso estrella. La Contraloría General del Estado detectó una serie de anomalías en 30 unidades de salud, en diez ciudades distintas.
Ayer, se leyeron los hallazgos del hospital Carlos Andrade Marín, de Quito. El documento borrador evidencia una informalidad caótica en el manejo de los fármacos e insumos que deberían ser entregados a los más de tres millones de afiliados.
El examen especial, que todavía está en construcción, involucra a 360 empleados y extrabajadores del Seguro Social. Algunos de ellos, sin embargo, tienen reparos a los hallazgos de la Contraloría.
¿Qué se detectó? En uno de los hospitales más importantes del IESS se encontraron problemas en las bodegas. En el Carlos Andrade Marín, por ejemplo, existen medicinas e insumos caducados. 87.487 medicamentos no fueron reportados y expiraron antes de que puedan ser cambiados por el proveedor del IESS. La afectación supera los $ 411.530.
Lo mismo pasó con insumos y dispositivos médicos. 100.079 unidades se caducaron a vista y paciencia de los administradores y se perdieron más de 4,3 millones de dólares.
Con esos productos se podía dar tratamientos oncológicos, antihipertensivos, antibióticos y gastrointestinales para cirugías oculares, neurológicas y traumatológicas.
Hay más. En las mismas bodegas de la casa de salud capitalina no se realizaron “constataciones físicas periódicas”. Lo dicho provocó, además de una lista considerable de medicamentos caducados, el poco cuidado de los bienes públicos. Hay pacientes que reclaman por la falta de fármacos que sí existen pero no se reportaron.
La Contraloría también constató que el personal a cargo no gestionó la reposición o pago de 25.843 unidades de medicamentos que sumaron 365.490,68 dólares y 27.840 insumos y dispositivos médicos por 899.219,34 dólares.
La falla burocrática ocasionó, según el informe preliminar, “que no se encuentren a disposición de los usuarios del hospital [artículos] para tratamientos antivirales, oncológicos, trombosis y parkinson, entre otros”.
El mismo documento, leído la mañana de ayer en Quito, determina que las compras públicas de la casa de salud fueron desordenadas porque se desperdiciaron fármacos y vitaminas. “No se realizaron los estudios o informes que sustenten las cantidades requeridas de medicamentos, así como no se cumplieron trámites para el canje ante las casas proveedoras, ocasionando que 354.725 unidades de medicamentos por 336.212,95 dólares no sean utilizadas para pacientes con síndrome coronario agudo, prevención de trombosis, trasplante de órganos, entre otros”.
En total, solo en el hospital Carlos Andrade Marín las afectaciones en bodega alcanzan los siete millones de dólares.
La acusación de compras innecesarias disgustó a algunos de los involucrados. Según dijeron, durante la lectura, el motivo de acumulaciones de pastillas y vitaminas es que el Ministerio de Salud y la Agencia de Regulación y Control Sanitario (Arcsa) retiraron los permisos sanitarios de los fármacos.
El personal de la Contraloría tomó notas de la observación pero recordó que los mencionados tienen cinco días para defenderse de las conclusiones.
El informe borrador que analiza a las 30 casas de salud no es el único sobre el tema. En este año, como publicó EXPRESO el 15 de agosto, la Contraloría también examinó al hospital de Los Ceibos.