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Listos para una emergencia

En palabras de la vicealcaldesa Doménica Tabacchi: el terremoto de abril dejó una marca en el corazón, pero también en la experiencia. Aquello quedó demostrado ayer, cuando 71.000 ciudadanos midieron su capacidad de preparación, respuesta y coordinació

Listos para una emergencia

En palabras de la vicealcaldesa Doménica Tabacchi: el terremoto de abril dejó una marca en el corazón, pero también en la experiencia. Aquello quedó demostrado ayer, cuando 71.000 ciudadanos midieron su capacidad de preparación, respuesta y coordinación ante una catástrofe telúrica.

El evento se inició con un boletín de prensa que llegó a las 07:48: “El Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional informa que ha ocurrido un sismo de 7,8 grados, ubicado frente a Jama (Manabí) con 25 kilómetros de profundidad a 240 kilómetros de Guayaquil. Esto es un simulacro”.

Inmediatamente, miembros de organismos de primera respuesta, como Cruz Roja, Gestión de Riesgos y Ministerio de Salud, arribaron a la Corporación para la Seguridad Ciudadana de Guayaquil, que vigilaba la situación en toda la ciudad a través de cámaras de ojos de águila. Tabacchi estuvo al mando.

En la corporación se realizó la evaluación de 10 protocolos en 316 escenarios. Hubo 319 incidentes en total. Se registraron 202 evacuaciones, 69 incendios estructurales, 15 derrames o fugas de materiales peligrosos, 14 colapsos estructurales, una inundación, 3 actos delictivos, 2 explosiones, 9 atenciones prehospitalarias, 2 operaciones de búsqueda y rescate y 2 postes caídos.

Uno de los puntos clave fue la terminal terrestre Jaime Roldós Aguilera. La alarma se encendió a las 09:01. El estruendo dentro de las instalaciones provocó lo que ya se temía: rostros asustados, gente nerviosa que buscaba salir del sitio al tropel.

El recuerdo del sismo del 16A se mantiene en vigencia. Y a eso hay que sumarle que la estación ha sido víctima, en más de una ocasión, de alertas de ataques con bombas.

Durante la práctica de ayer, los guardias de seguridad direccionaron a los usuarios hacia las puertas acompañando la acción con el mensaje “No corra, esto es un simulacro”, al tiempo que por los altavoces se escuchaba una grabación que indicaba lo mismo, en español y en inglés.

Julio Tipán llevaba diez minutos dentro de la terminal cuando sonaron las alarmas. Admite que por un momento pensó que era una emergencia real, pero estuvo atento a las recomendaciones de los guardias para salir y ahí supo que se trataba de un ejercicio en caso de una catástrofe. “Es bueno que se realicen estas prácticas y se necesita la colaboración de la gente”, comentó.

Para María Ronquillo, la preparación es necesaria. “Hay personas que se ponen nerviosas y no saben cómo actuar. Estos ejercicios son buenos para saber qué hacer, para sobrevivir”, manifestó. Sin embargo se quejó del tiempo perdido: “Lo malo es que uno se retrasa para viajar”.

El ejercicio implementado en la estación de buses incluyó: la evacuación de los usuarios, acción que tomó casi seis minutos; apagar un incendio en los andenes de carga; además de socorrer a los heridos.

El escenario se repitió en 132 instituciones públicas y privadas. ¿Se aprendió algo? Tabacchi dice que sí. Hubo mayor coordinación y una respuesta oportuna de la ciudadanía. “Antes incluso llegaba a molestarles este tipo de ejercicios. La reacción a este simulacro fue ejemplar”.

Dos incendios reales de menor impacto se registraron durante el ejercicio en Samanes 7 y el Guasmo. El simulacro terminó con el un último informe, a las 10:40.