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Limpieza etnica en la India

La crisis actual relacionada con la caótica división del subcontinente (hace 71 años), en el estado indio de Assam, al publicarse un “registro nacional de ciudadanos” (NRC), pone en duda la ciudadanía y el futuro de unos cuatro millones de personas y amenaza con debilitar la paz en la región. Cuando en 1947 los británicos se fueron de la India, hicieron una partición basada en la religión, con las provincias de mayoría musulmana en el oeste; en el este de la India se creó un Estado musulmán, Pakistán. En 1971, tras una feroz operación genocida del ejército paquistaní que expulsó a unos diez millones de refugiados a la India, y una guerra entre esta y Pakistán, la región oriental se separó y formó Bangladés. Derrotado Pakistán en la guerra, la mayoría de refugiados volvieron a Bangladés, pero algunos se quedaron en India, donde se asimilaron por completo, y a los que se unieron millones de migrantes de Bangladés que huían de la pobreza y escasez de tierras en un país superpoblado. Los que migraron al estado indio de Bengala Occidental se asimilaron fácilmente con la población local; quienes se asentaron en el estado nororiental de Assam tuvieron más dificultades por diferencias lingüísticas, culturales y religiosas. En los 80 los estudiantes asameses, furiosos por la perspectiva de perder tierras y empleos, organizaron protestas masivas y en ocasiones violentas. Assam se volvió casi ingobernable con matanzas de grupos de migrantes musulmanes bengalíes y en 1983, miles de asesinatos pusieron de relieve la magnitud de la crisis. En 1985, el entonces primer ministro de la India, Rajiv Gandhi, firmó el Acuerdo de Assam, que puso fin a los disturbios con la promesa de deportar a todos los migrantes ilegales llegados de Bangladés después de 1971. Pero no fue fácil de cumplir. Con el tiempo algunos tribunales solo consiguieron identificar a unos pocos miles, de 20 millones de migrantes ilegales. El problema quedó postergado por décadas. En 2014, con la asunción de un gobierno radical adherente de la doctrina Hindutva (nacionalismo hinduista), liderado por el Partido Popular Indio (BJP), el proceso revivió en defensa de la neutralidad y fue supervisado por la Suprema Corte, al tiempo que celebraba el haber identificado a los “extranjeros”. Pero el NRC es claramente discriminatorio y determinará el derecho a poseer tierras, trabajar y votar en Assam, donde gobierna el BJP. Los musulmanes bengalíes terminarán siendo la mayoría de los excluidos. Un motivo central para revivir el proceso de confección del NRC fue despojar del derecho a votar a musulmanes bengalíes, antes de la próxima elección general. Dejar sin voto a cuatro millones de personas (de 30) puede influir enormemente en la suerte electoral del BJP, que tiene escaso apoyo entre los musulmanes de India. Es probable que los musulmanes bengalíes excluidos del NRC pierdan más que el derecho a votar; podría darse la deportación forzada a Bangladés, país con el que el gobierno del BJP mantiene buenas relaciones. Quienes no figuran en el NRC serían expulsados de sus hogares. India debería crear campos para albergarlos hasta que puedan volver a Bangladés, una idea que horroriza a los organismos de derechos humanos. Pero ¿hay justificación real para despojar a estas personas de derechos que han ejercido en una India democrática la mayor parte de sus vidas?