Liberalismo social: herencia olvidada

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Liberalismo social: herencia olvidada

toda transformación socioeconómica, política, ideológica y cultural deja legados históricos. La Revolución de octubre creó productos y efectos que los sectores sociales posteriores no supieron conservar, defender, potenciar y proyectar. De ella se derivan muchos. Los más conocidos: libertad, independencia, autonomía y la visión estratégica de la unidad nacional y de la nación de los próceres. Especialmente la idea de la unidad en la diversidad, a partir de la capacidad y acción de las sociedades locales y sectores regionales.

Estos aspectos han sido ignorados, dejados en la sombra y hasta poco reconocidos en cuanto proyecto sociopolítico y propuesta estratégica. Pero hay uno que es el mayor de los legados del proceso insurgente de criollos y mestizos guayaquileños. Se refiere a la creación, despliegue e impulso de lo que desde ayer hasta hoy, con profundo sentido y significación histórica se puede llamar: liberalismo social.

El mayor legado del octubre revolucionario es haber creado, con esfuerzo y creatividad ideológica, filosófica y sociopolítica, una visión renovada de la ilustración y la modernidad, cristalizada en el proyecto-programa del liberalismo social. Este nació con el discurso ilustrado y moderno de Olmedo en las Cortes de Cádiz, contra la servidumbre del trabajo mitayo y la abolición de las mitas, en 1812. Avanzó en la propuesta programática y en el accionar de todo lo que se plasma desde octubre de 1820 a mayo de 1822. Se refrenda en la concepción de la unidad interregional de 1830 y 1845. Progresa con el pensamiento y acción de cuatro importantes exponentes de esta línea de pensamiento y acción. Es praxis viva en el programa político y la actividad de Rocafuerte. También en el discurso de la abolición de la esclavitud de Aguirre Abad, cuanto en toda la propuesta doctrinaria, filosófica e ideológica, política, liberal de Pedro Carbo. Este es el más significativo y profundo legado de ese octubre revolucionario que las élites guayaquileñas no han sabido conservar, defender, ni proyectar.

Es una deuda sociopolítica que debemos pagar para decir, con autenticidad, que somos herederos del octubre libertario e insurgente.