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Que le espera a Guayaquil

Hace pocos días en Guayaquil concurrí a un almuerzo de aquellos donde te provoca no abrir la boca, porque realmente aprendes mucho escuchando. Era una mezcla variopinta de quiteños y guayaquileños, economistas y empresarios, hombres y mujeres, liberales y socialdemócratas. En algún momento de la conversación un intelectual quiteño en tono de reclamo espetó: “¿Por qué los guayaquileños no participan en la creación de políticas públicas?”; yo habría añadido “y se dedican exclusivamente al manejo de sus temas de negocios como si el resto del mundo los estuviera cuidando”. Confieso que me sentí “tocado” y tomando la palabra empecé a explicar que el guayaquileño está volcado a las instituciones de asistencia, que como consecuencia del olvido central nos había tocado crear la Junta de Beneficencia, el Cuerpo de Bomberos, Solca, etc. Eran incontables las fundaciones en las que hombres, y especialmente mujeres de esta ciudad entregaban su tiempo, pero en el fondo sabía que no era el punto. En ese instante tomó la palabra el único psiquiatra de la reunión, para razonar que en los últimos 35 años los guayaquileños, primero con Febres-Cordero y luego con Nebot, habíamos cedido nuestra representación bajo el criterio de que se encarguen de pelear por los intereses de la ciudad-región y a cambio tendrían nuestro respaldo permanente.

Vale la pena mirarnos un momento y reflexionar sobre lo que nos espera si es que no nos movemos: ¿hemos creado una estructura de recambio que suceda a Nebot en la Alcaldía y que nos asegure 30 años de fortalecimiento institucional y mejora de la calidad de vida de los sectores menos favorecidos? ¿Tenemos una agenda de desarrollo regional en la que estemos todos alineados? ¿Tenemos alguna universidad con una escuela de gobierno central y seccional que prepare a nuestros tomadores de decisiones públicas? ¿Hemos creado el entorno para el desarrollo de emprendimientos en tecnología o vamos a seguir viviendo del banano y del camarón? El primer mejor momento para hacer todo eso era hace 20 años, el segundo mejor momento es ahora.