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“Ni que si, ni quiza, ni que no”
Permítanme, queridos lectores, usar como título de este artículo, no precisamente musical, el verso de un viejo y conocido bolero que cantaba en mi juventud y que de repente lo vuelvo a entonar cuando el agua de la ducha cae sobre mi humanidad. Y es que me voy a referir a la campaña que virtualmente ya se ha iniciado en favor de las dos posturas a tomar, la positiva y la negativa, en la consulta popular que se llevará a cabo el próximo 4 de febrero, previa convocatoria del CNE, que ya no tiene como titular al señor Pozo (condecorado a los pocos días de las elecciones pasadas) para que respondamos en las urnas a las siete preguntas (con un número cabalístico, seguramente para impresionar) que nos ha hecho Lenín con el fin, no muy soterrado que digamos, de terminar de “descorreizarnos”.
Aunque, por supuesto, se trata solamente del primer intento, ya que queda todavía bastante tinta en el tintero y mucha tela que cortar. Y es que en la “década ganada” se llevaron a cabo muchas cosas de dudosa aceptación (“la ley mordaza” entre ellas, que no consta en el cuestionario propuesto) que nuestro presidente ha prometido ir resolviendo en el futuro de su período gubernamental con otras nuevas consultas populares o referéndums.
Para evitar que olvidemos sus diez años de gobierno, que la oposición calificó de “totalitario”, por el manejo de todas las funciones del Estado desde el Ejecutivo, Rafael Vicente ha venido nuevamente desde Bruselas al Ecuador para ponerse al frente de la campaña por el “nones”. De esta manera le ha dado mayor sabor político y combativo a dicha campaña, ya que su intención es rebajar al mínimo la cifra que arrojan las últimas encuestas en las cuales se le da al presidente Moreno una aceptación de cerca del ochenta por ciento (casi un récord en nuestra vida pública) y, por ende, el mismo número de voluntades en favor del Sí en la consulta.
¿Cuáles serán sus estrategias y de qué manera sacará los ases escondidos bajo la manga para cumplir tan difícil misión política y autoreivindicadora? ¿Podrá reunificar, de paso, a la Revolución Ciudadana (o AP), de su legítima invención y liderazgo, ahora tan dividida o dispersa?
cazonf@granasa.com.ec