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“Es posible fabricar un buen calzado”

Orlando Ronquillo se muestra positivo en un contexto que no parece pintar bien para la industria del calzado. El año pasado, cuenta, varios talleres cerraron como consecuencia de la baja demanda. Un hecho del cual, asegura, Coleguini se ha librado. La firma atraviesa un buen momento.
Así lo asevera este guayaquileño que hace 5 años, tras la muerte de su padre (Euclides Ronquillo), debió asumir las riendas del negocio que este había edificado con tres décadas de trayectoria. Desde ahí ha tenido la tarea de, no solo de levantar a la empresa, sino de seguir rindiéndole tributo a su padre. El homenaje, cuenta, comenzó cuando a la marca se la bautizó con el apodo que él tenía. “Todos le llamaban colega, pero por el toque fino y delicado que lo caracterizaba a la hora de dibujar y diseñar sus zapatos, muy a lo italiano, empezaron a llamarle Coleguini”.
El siguiente paso llegó con la suma de talentos: sus hermanos e incluso su esposa, Mariela Castro, se unieron al proyecto. A ella le debe su creatividad para innovar y crear diseños, una de las principales claves que la firma ha tenido para diferenciarse y sacar réditos ante la competencia. “Hemos dado un giro de 360 grados en el tema de diseño. Hicimos que los estilos de zapatos sean más variados, con más combinaciones y que sean mucho más femeninos y cómodos. Eso es lo que nos ha abierto muchas puertas”, dice Ronquillo de 39 años.
Empezaron fabricando 240 pares a la semana. Hoy esa cifra pasa los 800. Este empresario admite que en un inicio conocía poco o nada del negocio, pero sus conocimientos en marketing fueron la base para sacar adelante la marca. Una de las estrategias importantes para crecer, cuenta, fue difundir lo que hacen a través de Internet.
La página web (www.coleguini.com) que tienen, no solo es una ventana virtual para las ventas sino el canal que les ha permitido conocer más a sus clientes y entregarles una oferta más personalizada. Eso ha hecho que hoy, el 20 % de los zapatos que venden se hagan por esa vía y que su producto haya llegado a países como Estados Unidos, España y Holanda.
Mientras este año algunos negocios han cerrado sus puertas, dice Ronquillo, ellos piensan seguir soñando. En el sur de la ciudad, donde por años ha operado el taller, ya adecuan una nueva ampliación de la planta que les llevará a incrementar su capacidad de producir unos 2.000 pares a la semana. La marca actualmente tiene una tienda en Urdesa (en la av. Víctor Emilio Estrada), pero la meta este año es abrir dos nuevos locales de atención al público, uno en Quito y otro en Samborondón. Están seguros de que pontencial para seguir creciendo, tienen. “Siempre nos preguntan si el zapato que producimos es extranjero, pero siempre tenemos que aclarar que acá en el Ecuador sí es posible encontrar un zapato bonito y de calidad”.