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“El pasado es el patrimonio del ser humano”

“Pero sé que tú emigras cada vez que me derroto en mi silencio/que viajas al momento en que me desprendo de mí para sentir el tacto del aire/ que levantas un palacio en el que resucitamos como cuerpos alados/y mientes para hacerme feliz./ Pero no sé quién eres/ ni cómo se desgasta el amanecer en tu frente/ solo me confundo en el sueño que dejan las pastillas/ entre bicicletas oníricas y ramplas donde el grito se desplaza hacia la casa derrumbada./ Hacia el molino que dibujé para el entretenimiento y para la sombra”.
Con esos versos del poema ‘Estertor’, inicia ‘Memoria y vértigo’, poemario más reciente del escritor Carlos Luis Ortiz Moyano.
La obra es la sexta en la producción poética del autor. Fue publicada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana y se presentó al público el pasado jueves. Su lanzamiento en Guayaquil será en abril.
El poemario es, sin lugar a dudas, el trabajo más maduro de Ortiz, afirmación que él mismo admite.
“Es un libro duro. Me ha costado. Le he tratado de encontrar lo meticuloso a la poesía, que es un género bastante difícil. Sí difiere un poco de los otros libros, tiene un sentido autobiográfico, pero es un producto de la madurez de la escritura, de la rigurosidad y de nuevas lecturas”.
La obra está dividida en tres partes, ‘Mnemosyne en el adormecimiento de las piedras’, ‘Mnemosyne en escenografías del vértigo’ y ‘Mnemosyne y los aditamentos de la locura’; todas sin embargo, se centran en la temática de la memoria.
“Es un discurso que está relacionado con el tiempo, con el inventario, con la memoria como la que permite retroceder en el tiempo, evocar, regresar a lo intangible mediante el recuerdo y hacer un inventario de lo vivido”, indica el autor.
Este añade que la memoria es la materia prima de la literatura, y que por ende la necesidad de enfocarse en ella. “El pasado es el patrimonio del ser humano”.
El vértigo, el otro elemento fundamental de la obra, existe en relación a la memoria en la forma de las inconsistencias cotidianas, del dolor y con la locura y está también presente en sus textos líricos.
La relación con la ciudad, es también un tema recurrente en la obra, y hasta cierto punto en la poesía de Ortiz. No obstante, en ‘Memoria y vértigo’, se vislumbra un cambio; la voz poética ya no es la que lucha contra la ciudad, la acepta y la analiza.
“La ciudad cumple un papel fundamental, no en cuanto al carácter urbano de los versos, pero sí es una poesía en la que los símbolos de la ciudad, la lucha cotidiana, la ciudad transformada, vejada, que pierde su identidad, están presentes”.
Ortiz añade que el yo poético de la obra transita por la ciudad, la deja, regresa y finalmente establece con ella una relación de amor y odio, que queda plasmada en los versos de este libro.
‘Memoria y vértigo’ cuenta con un prólogo a cargo del reconocido cineasta Wilson Burbano quien describe al libro como:
“Poesía en simultáneo desdoblamiento y continua transmutación, sostenida en el oleaje del vacío, escrita por una pluma de sangre antigua reveladora de misterios sostenes del universo que nos envuelve y agita como semilla de nuestra propia creación”.
No obstante, a Ortiz, las reacciones de los lectores no le preocupan.
“El texto se vuelve parte del lector y este lo asocia con su propia vida. No pretendo influenciar al lector, espero generar reacciones desde esa lectura íntima.
La obra puede ser adquirida en el Fondo de Cultura Económica y en la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
“Pero sé que tú emigras cada vez que me derroto en mi silencio/que viajas al momento en que me desprendo de mí para sentir el tacto del aire/ que levantas un palacio en el que resucitamos como cuerpos alados/y mientes para hacerme feliz./ Pero no sé quién eres/ ni cómo se desgasta el amanecer en tu frente/ solo me confundo en el sueño que dejan las pastillas/ entre bicicletas oníricas y ramplas donde el grito se desplaza hacia la casa derrumbada./ Hacia el molino que dibujé para el entretenimiento y para la sombra”.