“El Paraiso necesita potenciar su naturaleza para renacer”

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“El Paraiso necesita potenciar su naturaleza para renacer”

Arquitectos sugieren dar vida al cerro y a su gruta y llenar de murales el barrio. Plantean crear una plaza de encuentro en el bosque y mejorar las rutas al santuario.

El Paraíso. Una de las características del barrio son sus calles, que llevan el nombre de frutas precisamente por los árboles que allí se encontraban.

Que perdió su brillo. Que de aquel paraíso que conocieron y donde los amigos se juntaban a charlar sobre las veredas, el parque, las canchas, no queda nada. Es lo que creen los habitantes y arquitectos que residen en la ciudadela El Paraíso, quienes apuntan a que el barrio debe recuperar su vida comunitaria y asimismo la importancia de sus áreas para renacer.

La ciudadela, donde habitan alrededor de 700 familias, a diferencia de otros sectores del Puerto Principal, tiene -a decir de la mayoría- los suficientes árboles e incluso un bosque, el Cerro Paraíso, donde habitan decenas de especies, y hay hasta un mirador; pero aun así la zona permanece desolada.

“Tenemos todo para destacar. Un sitio que por ser todavía uno de los pocos pulmones de Guayaquil, debería estar vivo en la mente de la gente. Sin embargo, eso no pasa”, lamenta el residente Wilfrido Gándara, al detallar que hoy, pese a los intentos que se han hecho para recuperar el lugar, todavía son los consumidores de droga “lamentablemente quienes más lo visitan”.

“En el cerro tenemos una gruta que es hermosa, pero que pasa desapercibida. Nos estamos perdiendo de tanto por falta de seguridad y no es justo”, piensa, al coincidir con el arquitecto y residente Efraín Miranda, quien hace hincapié en la necesidad de resaltar paisajísticamente ese entorno.

Para ello sugiere construir una plaza de encuentro para la comunidad en las faldas del cerro, donde hace poco un grupo de vecinos colocó en las paredes siete placas de mármol que representan al Vía Matris. “Nosotros necesitamos de un espacio al que podamos recurrir las familias porque el parque que tenemos nos ha quedado corto. El sitio se ha puesto bonito, pero hay que potenciarlo”.

La plaza, a decir de Miranda, serviría para realizar diversos tipos de encuentros, desde culturales y comunitarios, hasta deportivos y religiosos. “Ese rincón sería nuestro club social. Magnífico, ¿no lo cree?”, se pregunta, al detallar que la plataforma tendría las rampas necesarias para que las personas con discapacidad y los adultos mayores que habitan en el barrio, “que son muchos”, también puedan visitarla.

Para el residente y arquitecto Marco Landívar, quien coincide con la idea de potenciar estos puntos, este barrio ubicado al norte de la ciudad requiere además de color. Apunta a que se pinten murales en las paredes grises e infraestructuras vetustas o abandonadas. “La temática, el color, la armonía con el entorno, la calidad del mismo, son buenos y terminan siendo del agrado de los habitantes”, piensa.

Landívar, sin embargo, cree que existen otras obras que deben, con inmediatez, desarrollarse para que El Paraíso se recupere.

Hay que arreglar las aceras, plantea. Y hay que hacerlo, explica, tomando en cuenta su tamaño idóneo, según las normas; de tal forma que los peatones, como sucede ahora y ha publicado en ediciones anteriores EXPRESO, no se vean más obligados a lanzarse a la calzada para desplazarse. O bien porque las veredas son demasiado empinadas o angostas, o porque tienen en la mitad mobiliario urbano (columnas, postes, plantas que no pueden ser trasplantadas) que impide el paso.

La arquitecta Patricia Amores, quien ha vivido toda su vida en el sector, lo corrobora y plantea que además se fortalezca la seguridad. Y no solo en las vías, a través de más rondas policiales, sino con la presencia de guardabosques en el cerro, que puedan velar que no destruyan el espacio, ni lo utilicen para cometer actos indebidos.

Para evitarlo y rescatar la barriada, en definitiva, reitera la presidenta del Comité de Desarrollo de El Paraíso, Marcia Barba, hay que recuperar por todos lados el área. “Sería ideal que allí, por ejemplo, se pueda hacer senderismo, siempre de forma organizada, o se pueda conocer la historia de los árboles y cientos de animales que acoge el cerro”. Llenarlo de luces blancas o tipo led sería conveniente, agrega. “Con esto, los guardabosques y la señalética adecuada, podríamos hasta acampar...”.

Y aunque cada uno de los puntos detallados, a juicio de los entrevistados, le apuestan al cambio; todos concuerdan en que hace falta también generar más actividades desde casa para rescatar las raíces del barrio.

“Siempre nos destacamos por organizar fiestas y reuniones comunales, donde había juegos de antaño y civismo, pero sobre todo mucha amistad. Todos nos conocíamos y eso era hermoso. Ahora hay rostros que para mí son nuevos. Para volver a ser lo que éramos entonces, debemos apuntar a organizar más vida comunitaria. Y eso es un deber de todos. Es hora de que la nostalgia y los recuerdos nos muevan de forma positiva”, manifiesta Amores.

Sobre esta idea, los residentes dicen estar de acuerdo. “Pondría banquitos en mi portal y hasta sacaría una mesa para que mi madre o abuela jueguen cartas con sus amigas. Me encantaría ver en las calles a grupos de amigos riendo, bromeando, siendo el barrio alegre que todos ahora me dicen que fue antes”, dice la residente Carmen Menoscal, quien habita en El Paraíso desde hace cuatro años.