“Me rechazaron como alumna, como maestra me adoran”

  Actualidad

“Me rechazaron como alumna, como maestra me adoran”

Hoy, con 32 años de edad, Noelia Garella es la primera maestra de preescolar con síndrome de Down que tiene Argentina desde el 2012.

Docente. Noelia Garella se graduó en 2007 de maestra preescolar, empezó a ejercer en 2012.

Cuando estaba en la escuela su maestra la tildó de ‘monstruo’. Lejos de bajar los brazos y deprimirse, siempre luchó por cumplir su sueño. Hoy, con 32 años de edad, Noelia Garella es la primera maestra de preescolar con síndrome de Down que tiene Argentina desde el 2012.

Ella está en Guayaquil para participar en el Congreso Internacional de Ciencias Pedagógicas que se desarrollará hasta mañana, donde hablará sobre la inclusión. Ayer conversó con Diario EXPRESO y contó algunas de sus experiencias.

En Córdoba, su ciudad natal, hace seis años comenzó a trabajar en el programa de estimulación temprana a la lectura en el preescolar Capullitos.

Al principio se vio obligada a enfrentarse a los prejuicios y las dudas de muchos, pues tanto padres como directivos ponían en duda su capacidad.

“Las cosas cambiaron cuando se dieron cuenta que yo educaba con amor y que tenía vocación”, comenta, al señalar que ahora se encuentra a cargo de la sala de primer año en el Jardín Maternal Jeromito, donde está rodeada de niños de 2 y 3 años que la adoran y respetan. Lo dice en alusión al discrimen que sufrió cuando era niña.

En su aula de clase ha tenido dos niños con síndrome de Down y otros con otras discapacidad, pero asegura que a todos les ha dado el mismo trato. Les lee cuentos y luego ellos se los repiten o se los inventan. “Todos somos iguales y podemos aprender”, indica con firmeza, al asegurar que en muchas escuelas no hay una verdadera inclusión, ya que se ubica a los niños ‘con problemas’ en aulas diferentes, cuando debería incluírselos para que todos aprendan por igual.

Siempre sonriente y gesticulando, Noelia desborda una brillante autoestima y un envidiable optimismo contra los prejuicios. “En los colegios y universidades debería haber una asignatura que se llame Inclusión, para que los niños aprendan a no discriminar y para que aquellos que se formen como docentes aprendan a tratar y formar a personas con alguna discapacidad”.

Dice ser una persona feliz, porque a pesar de su condición ha podido cumplir su sueño y ganarse el respeto de sus alumnos, colegas y superiores.

html