Actualidad
“La equitacion me ayudo en la academia”
Una jinete que adaptó sus habilidades con los caballos al estudio. Aprendió a leer y a sumar mucho antes de entrar a la escuela.

Daniela llegó al mundo hace 17 septiembres, a finales del segundo milenio (2000). Cuatro años después, montó a un caballo por iniciativa de su madre; aunque en esa fecha ni siquiera sospechaba que la equitación la ayudaría a convertirse en la mejor estudiante de la promoción del instituto.
“Cuando se salta en caballo uno aprende a formar un pensamiento ordenado y de memorización rápida; por ejemplo, debes aprender a contar tiempos, y calcular cómo entrar en cada salto, entonces eso lo apliqué en el colegio”, detalla.
La equitación fue una actividad heredada por Daniela Creamer, su madre, pese a todas las negaciones que hizo -en ese tiempo- su padre, Morice Dassum, quien temía por su seguridad durante el galope.
A los seis años, Daniela inició a competir de equitación. “Para eso me tocó aprenderme una cancha de memoria”, recuerda. Ella se refiere al circuito con obstáculos que debe superar el caballo, acto que requiere de conocimientos matemáticos. “Me tocaba contar las batidas (cada galope) del caballo, calcular los metros y las curvas que se deben tomar”, explica entusiasmada por los recuerdo que llegan a su mente.
Aunque hacer cálculos matemáticos a los seis suena un tanto sorprendente, que haya aprendido a leer a los tres años resulta asombroso. “Sí, aprendí a leer a los tres. Mi mamá me ponía unos cartelitos de colores, y me comenzó a gustar la lectura también”, dice de forma convincente.
Otro de sus trucos de estudio, aparte de la equitación, que Daniela sugiere es apegarse al arte, específicamente aprender a tocar instrumentos musicales. “Fue del colegio, entonar melodías en el piano me enseñó a desarrollar mi oído musical, entonces al ir a clases es mucho más fácil entender al profesor lo que dice”.
Para Dassum, estar adelantada en sus estudios fue un factor positivo, porque cuando “llegué a la escuela, y en el colegio todo se me hizo muy fácil, entonces todo me gustaba”, menciona. El gusto por sus estudios le mereció un promedio general de 9,77, haciéndola acreedora del Pabellón Nacional en el colegio Alemán Humboldt.
Ese logro ella no se lo imaginó, pero lo calculó. “Al principio no estaba muy convencida, pero luego, más o menos considerando mis notas, como que lo sospeché”, expresa.
Para ella, convertirse en la mejor estudiante de su colegio nunca fue un martirio, pues según narra, disfrutó de cada momento sin perderse de salidas con amigos y sin dejar de lado sus actividades paralelas como jinete. “Creo que de eso se trata la etapa del colegio, no solo de las notas, sino de llevar recuerdos que se irán con uno para toda la vida”, describe con nostalgia.
Daniela, muy desinhibida y amable en su trato, se define a sí misma como una chica que no se ‘queda quieta’, y eso lo atribuye a un tema de herencia. “Mi hermano pequeño es muy inteligente, de hecho pertenece a un grupo de alto potencial, pero es súper relajoso. Yo también lo soy, pero conozco mis límites”, relata.
A la lista de valores morales que practica en su vida, ella insiste en la importancia de la inclusión. “Me acojo a ese valor y también a la honestidad porque con esto del bullying en los colegios, a veces la gente no se da cuenta cuánto daño hacen a los demás, por suerte en mi promoción sí tratamos de llevarnos bastante y no excluir a nadie del grupo”.
Su lema de vida es “la importancia de la verdad no es el fondo de lo que quieres decir, sino la forma”. Y con el galope de su caballo busca sensibilizarse ante el mundo y sus problemas.
Trucos de aprendizaje
Daniela recomienda la equitación como una técnica de aprendizaje y memorización. Caminar por la cancha para practicar este deporte, con la finalidad de aprenderse de forma ordenada cada proceso, sin fallar, “me ayudó bastante cuando llegué al colegio, y ahora cuando estudio camino por todas partes porque es como que repito ese proceso, y se me hace muy fácil de retener”. EOS