“De capitan de la Armada a industrial”

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“De capitan de la Armada a industrial”

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Contrario a cómo empiezan unos, Antonio Ricaurte no inició su carrera empresarial en tierra, sino en altamar. Este guayaquileño de 52 años aún era capitán de corbeta de la Armada de Ecuador cuando decidió que, después de jubilado, fundaría su propia empresa.

Fue así como en el 2004 nació Artechnologies. Los conocimientos que adquirió como ingeniero electrónico y su experiencia laboral como director de Desarrollo e Investigación Tecnológica de la Armada, lo hicieron ver una oportunidad de mercado en el mundo de sistemas de rastreo satelital. “En la Armada estuve 20 años, pero siempre mantuve el sueño de crear algo distinto. Vi que Ecuador tenía la fama de desarrollar software pero no hardware porque eso requiere más investigación, esfuerzo y dinero, pero me decidí por eso”.

Con la ayuda de tres trabajadores, su empresa empezó a fabricar los primeros rastreadores satelitales para el sector automotor, un servicio que luego apuntó a la flota de barcos y aviones. Ricaurte menciona que su propuesta fue viable, pues busca cubrir una necesidad de seguridad latente y creciente. Sin embargo, los resultados no han sido tan exitosos, pues él también debe enfrentar un problema que afecta al sector empresarial. “El susto llegó a la hora de determinar si uno es competitivo. Nunca imaginé sumar a mis costos de producción, los aranceles, sobretasas, impuesto a la salida de divisas. Eso es algo que ahora nos está afectando la productividad”, explica este empresario.

Eso ha hecho que Artechnologies no pueda impulsar sus exportaciones, pues es difícil competir con países como China, que tiene productos mucho más baratos. Por eso su blanco principal sigue siendo el mercado local, pero eso no ha significado dejar de esforzarse y diversificar sus productos.

La restricción de las importaciones además de ser una traba para su producción fue una oportunidad para empezar a fabricar ciertos componentes, como las antenas para los celulares, que empezaron a encarecerse por la carga arancelaria.

Su inversión, explica, también ahora se centra en el desarrollo de Telemetría Inalámbrica, un producto que permitirá medir parámetros de estado de piscinas camaroneras y enviar estos datos de manera inalámbrica a un centro de control. “El productor estando en Guayaquil podrá revisar la temperatura, el oxígeno de sus piscinas en Puná. A eso queremos llegar ”. Ricaurte menciona que en dos o tres meses terminarán las pruebas. Otro reto, dice, es incursionar en la fabricación de sistemas de rastreo para el sector minero, para bicicletas y mascotas. Ricaurte cree en la capacidad de crecimiento de su empresa, hoy con 15 trabajadores. Está convencido del talento que tiene el país para crear oferta innovadora. Lo que falta, explica, es que las autoridades fomenten realmente la creación tecnológica. “Todo lo que hago posee propiedad intelectual y cosas como esas deberían estar exoneradas de impuestos. Yo prefiero que el Estado me cobre impuestos cuando yo venda a que me cobre impuestos cuando yo importe la materia prima”.