Latinoamericana

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Latinoamericana

este es el último artículo que escribo desde España. Acabo mi “máster” en Acción Política. Y realmente lo que me impresiona no es cuánto aprendí de mis profesores, sino de mis compañeros. Éramos doce. La mayoría latinoamericanos. Después de ocho meses llegué a una conclusión: Latinoamérica no existe. Tenemos palabras diferentes para cada cosa: bus, camión; falda, pollera. Y mi pregunta es por qué. Compartimos una misma historia y no nos conocemos los unos a los otros. Cada uno tenía una idea leve sobre quién era el otro, la mayoría marcada por estereotipos. Por más que han intentado desde el discurso gubernamental instaurar “la Patria Grande”, ¿cuánto realmente nos conocemos? Y por más que traten desde el relato crear una fraternidad compartida, falta mucho para considerar a Argentina como un país hermano. Y la única razón que puedo dar es la de que en verdad no nos conocemos.

Después de todo este tiempo me he dado cuenta de que la realidad de cada país es mucho más compleja que la que nos podamos imaginar. Por ejemplo, el proceso de paz en Colombia: mis vecinos (de banca y de país) me enseñaron que un acuerdo entre el Gobierno y las FARC no es suficiente. Para que exista un cambio real en el país es necesario trabajar en la sociedad: lograr un verdadero perdón desde la víctimas a sus victimarios. Aprendí que una venezolana, sin importar dónde esté, siempre llevará a su país con ella. Aprendí que la devaluación de la moneda hizo que lo que antes alcanzaba para una casa, ahora para un aguacate, y recordé lo afortunados que somos de no tener política monetaria. De Bolivia aprendí que no hay “una Bolivia” sino dos: la occidental y la oriental. Marcadas y divididas. De Argentina aprendí más historia que la de mi país, y cómo la unión política en la diversidad logra resultados concretos. De México aprendí la importancia de la “marca país”; la mejor publicidad de México es su gente (extrañaré más la comida mexicana que la española). Solo a través de la gente lograremos crear puentes. Los conocí y puedo afirmar: no regreso solo a Ecuador, a Latinoamérica también.

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