Juguetes inteligentes El nuevo ‘boom’ y el nuevo ‘blanco’

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Juguetes inteligentes El nuevo ‘boom’ y el nuevo ‘blanco’

Los juguetes han evolucionado es evidente. Ahora están conectados a Internet, emplean el reconocimiento de voz, recorren las casas de sus dueños sin ayuda, toman fotos, entablan conversaciones con los niños y hasta aprenden sobre sus gustos y necesidad

Juguetes inteligentes El nuevo ‘boom’ y el nuevo ‘blanco’

Los juguetes han evolucionado es evidente. Ahora están conectados a Internet, emplean el reconocimiento de voz, recorren las casas de sus dueños sin ayuda, toman fotos, entablan conversaciones con los niños y hasta aprenden sobre sus gustos y necesidades.

Un ejemplo de esto es la espectacular y nueva casa de la Barbie que mostramos en esta página. De ser un pedazo de plástico rosado, ha pasado a ser la casa soñada de todo padre pero a escala. Es completamente ‘smart’ y reconoce todas las órdenes de su usuario, desde abrir las puertas y encender las luces hasta transformar el ambiente en ‘modo fiesta’ o entablar una conversación sobre las últimas tendencias de moda.

¿Genial, verdad? No son caros, ya se compran ‘en línea’, son divertidos... Pero qué hay de la privacidad y seguridad en línea de los niños.

El peluche Smart Toy Bear, de Fisher-Price, que habla con los niños y los anima a colaborar en tareas como lavarse los dientes, sufrió un ataque este año que dejó al descubierto datos, fotos y datos personales de casi seis millones y medio de niños de todo el mundo y de unos cinco millones de padres.

Por suerte, este ataque solo tuvo como fin demostrar la debilidad en la seguridad de esta nueva generación de juguetes conectados y el fabricante ha podido solucionar a tiempo sus huecos de vulnerabilidad.

Una de las medidas de seguridad que ha tomado ha sido evitar el sistema de grabación para que el muñeco no acumule datos. Sin embargo, la inteligencia de los muñecos (también de las tabletas, teléfonos, smartwatches o miniordenadores para niños) conectados reside en la nube.

Es decir que los datos viajan a través de Internet hasta servidores que se encargan de procesarlos, interpretarlos, hallar respuestas y devolverlas. Técnicamente los datos son ‘observados’ por terceros. Entonces, si el fabricante y los padres no toman las medidas necesarias, seguirán los problemas.

La mayoría de estos muñecos, por ejemplo Dino y Hello Barbie, permiten ajustar la configuración y proporcionar consentimiento para la recopilación de datos. El juguete no puede grabar a los niños hasta que sus padres hayan dado su aprobación. Si se pasa por alto esta configuración, ya se abre una ventana a ataques.

Los niños, en su inocencia, no se dan cuenta de que lo que están diciendo o haciendo frente a sus muñecos puede ser escuchado o visto por otros y, que esto incluye a los piratas informáticos. Es así, que el padre tiene una labor fundamental, no evitando su compra -pues tarde o temprano caerá en la tentación y hasta resulta necesario- sino aprendiendo al respecto y advirtiendo a sus hijos.