Jovenes guian el Metro de Medellin

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Jovenes guian el Metro de Medellin

Trabajan cuatro horas diarias y reciben casi 400 dólares que les permiten pagar sus carreras universitarias. Se capacitan por casi seis meses.

Manuela Cadavid es una de más de 200 estudiantes que conducen el Metro de Medellín durante la carrera.

Manuela Cadavid cumplió el sueño que su padre no pudo realizar: conducir un tren del Metro en Medellín, Colombia.

Ella es una de 154 mujeres conductoras que operan el sistema de un total de 270 conductores. Todos son universitarios de entre 18 y 22 años.

Su ingreso al Metro fue hace dos años. Su padre no logró ingresar al sistema porque el proyecto está dirigido a estudiantes de distintas carreras. Es el principal requisito para ser conductor de Metro.

En turnos de cuatro horas al día, entre las 04:30 y las 23:00, no es extraño encontrar en la cabina de conducción a un futuro arquitecto, psicólogo, biólogo, trabajador social, médico, ingeniero o licenciado.

Manuela es estudiante de noveno semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Corporación Universitaria Minuto de Dios.

¿Cómo se enroló? Vio la convocatoria, llevó la hoja de vida y participó en el proceso de selección que duró seis meses. Entre los filtros que pasó hubo visitas domiciliarias, exámenes médicos, pruebas antropométricas, psicológicas, grupales o individuales. Los seleccionadores indagaron cómo trabajaba bajo presión, en equipo, su relación con los otros, la percepción respecto a la autoridad, a seguir normas y protocolos.

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Todos los aspirantes pasan por ese proceso cada seis meses y en dos grupos de hasta 19 estudiantes. Unos salen y otros entran, esa es la dinámica.

Con la lista de elegibles viene la capacitación y la firma de un contrato de aprendizaje. Conocen cómo opera, cuántas líneas, las particularidades, cómo funciona y qué hacer en caso de avería.

Manuela habla de tracción, deslizamiento, averías, se conoce todas las especificidades de las máquinas. Ha pasado por las instalaciones, los patios donde se hacen las maniobras y se estacionan los trenes, conoce señales, vías.

En las estaciones del Metro en Medellín todo luce pulcro, implacable. Juliana Correa, comunicadora del Metro explica que eso obedece a que la gente se apropió del sistema, es su orgullo y lo cuida.

Hay orden y amabilidad. No implica que no existan problemas para alguna de las 1’530.000 personas que se movilizan al día en todas las líneas del sistema. Eso incluye trenes, cables aéreos, tranvía y buses. En horas pico puede presentarse el ‘cosquilleo’, pero la gente ha aprendido a cuidarse, dice.

Casi siete años implicó educar a la gente para la llegada del Metro. Oficialmente todo del sistema empezó a operar el 30 de septiembre de 1996 con la inauguración del tramo entre la estación Poblado Itagüí.

El éxito del Metro de Medellín que no es subterráneo fue el empoderamiento de los usuarios que tuvieron un proceso de sensibilización y asumieron el cuidado del Sistema y la importancia de observar las normas de comportamiento. Movilizarse en el Sistema cuesta 0,65 centavos de dólar, uno de los más baratos de la región.

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El Metro de Medellín es eléctrico. Utiliza 1.500 voltios en su desplazamiento. La velocidad máxima que alcanza es de 80 kilómetros por hora. Está conformado por el Metro, Cable y tranvía. La Línea A tiene 25,6 kilómetros y recorre el Valle de Aburré desde la estación Niquía. La mayor parte del recorrido es paralelo al río Medellín. La línea B tiene 5,6 km y cinco estaciones elevadas y una a nivel. Va desde el sector central en la estación San Antonio hasta el barrio San Javier en el occidente de la ciudad.

Además hay las líneas de Cable K con dos km, la J con 2,7 km, entre otras. Están también la línea T-A (Tranvía) con un recorrido de 4,3 km entre San Antonio y Oriente, atravesando el centro oriente de la ciudad.

A finales de 2020 se espera que Quito también se sume a las ciudades que cuentan con el sistema de Metro. Los trabajos avanzan y también de a poco las socializaciones de la obra. El sistema en Quito es completamente subterráneo.

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Desde finales de 2020 se espera que Quito se incorpore a las capitales latinoamericanas: Santiago, Lima, Caracas y otras, en contar con un sistema masivo de transporte como el Metro.

En construcción se encuentra la línea de 22 kilómetros que va desde El Labrador, en el norte hasta Quitumbe en el sur de la capital. Son 15 estaciones en total, cuatro estaciones multimodales: El Labrador, Magdalena, El Recreo, Quitumbe.

Cada estación tiene una longitud aproximada de 150 metros (1,5 canchas de fútbol), son 18 trenes los que componen la primera flota.

El proyecto de movilidad pretende constituirse en la columna vertebral del sistema público de transporte. Aspira que en solo 34 minutos se atraviese la ciudad de sur a norte. Está planificado que la Línea 1 de Metro transporte a 400 mil pasajeros por día. Eso corresponde al 25 % del total de la población actual de la ciudad.

Cada tren tiene la capacidad de transportar un máximo de 1.500 pasajeros. La velocidad promedio de las unidades será de 40 km por hora. Los trenes funcionarán con electricidad. El proyecto ha generado, entre directos e indirectos, más de 20.000 puestos de empleo. Durante los casi 12 días de la paralización violenta que se desarrolló en Quito, la construcción del Metro sufrió afectaciones. Los daños aún no han sido cuantificados económicamente.