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Jorge Vivanco Mendieta

“Los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos. Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan... ¡Mi plumaje es de esos!”, escribió el escritor mexicano Salvador Díaz Mirón en su poema A Gloria. Parecería que fuera dedicado a un personaje que pasando un pantano, como metáfora del ruidoso y polémico sistema mundano, no se corrompe ni comparte la miseria humana.

Ese personaje podría ser Jorge Vivanco Mendieta, periodista lojano que ejerció su profesión sin ambages, temor, ni favor como columnista en los diarios El Comercio, La Razón y El Telégrafo, en la revista La Calle, entre otros, por 60 años y de ellos 30 como subdirector del Diario Expreso, hasta que la madrugada del 7 de diciembre dejó de existir a los 89 años de edad.

Una de las actividades que mayor confrontación le causó fue integrar la Comisión Anticorrupción en el año 2005 y la única profesión que ejerció además del periodismo fue la cátedra en la facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil. No se dejó convencer para ocupar altos cargos y funciones. Alguna vez dijo: “He recibido propuestas para ser ministro, cónsul, embajador y no he aceptado. Yo no quiero ser burócrata, además yo no creo que el periodista deba entrar en esa parte de la función pública”.

En Testimonio de un infatigable luchador (2008, Quito), Jorge Vivanco Mendieta expresa: “Los periodistas que “cabalgamos” entre dos siglos -el XX y el XXI-, asistimos como testigos y actores a transformaciones profundas y dramáticas de la humanidad hacia su destino, movida por inconmensurables fuerzas materiales y espirituales. Ha sido la etapa de transición más profunda de la historia, llena de fulguraciones grandiosas, algunas apocalípticas”.

Se nos ha adelantado el maestro en la época más apocalíptica del periodismo, cuando se limita la libertad de pensamiento, opinión y de información. Queda su imagen y obra en la memoria ciudadana, como ejemplo de vida y reserva moral del periodismo. La parca podría quitarle la vida y su triunfo, pero no la gloria y sus recuerdos. Que descanse en paz.

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