Jenga

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Jenga

Rusia no es ni la sombra de lo que un día fue. Antes de 1991: los rusos tienen satélites encima nuestro, los rusos van a bombardearnos, los rusos, los rusos, los rusos. Después, de la amenaza roja no quedó nada. Incluso ahora, su vecino es más grande. La Unión Europea tiene la capacidad de imponerle multas y sanciones comerciales. Puede “ponerla a raya” cada vez que lo considere necesario. Como por ejemplo, cuando anexaron Crimea.

Para Rusia, una forma legítima de recuperar lo que alguna vez fue suyo; para la Unión Europea una violación de la soberanía de un país y un precedente de expansión que no podían permitir. La UE no solo le ha quitado “spotlight” en la arena internacional, sino que también se ha convertido en un obstáculo para consolidar sus intereses. Un político como Putin no se sentiría cómodo con esta situación. El político con más estrategia del siglo XXI decidió jugar Jenga. De forma sigilosa, como debió haber aprendido en la KGB, estudió la estructura, y decidió remover la pieza clave que llevaría al colapso de toda la estructura. De ahí el financiamiento por parte de bancos rusos a partidos de derecha extrema. Partidos que -principal interés ruso- se consideran euroescépticos, e incluso enemigos de la Unión. Partidos que buscan restaurar la soberanía de sus países. Y que, de llegar al poder, llamarían a un referéndum a lo “brexit”. Entre todos, Francia es la ficha central. Tienes a Francia, tienes a Europa. Especialmente si recordamos que la UE inició como la unión entre Alemania y Francia, enemigos que históricamente habían dividido al continente. Ahora, con estas elecciones, con Le Pen hay esta posibilidad.

El crecimiento exponencial en los últimos años de la extrema derecha se explica tanto por los ataques terroristas de los que han sido víctimas (el discurso antimigración calza perfectamente en el miedo generado en la población), por la victoria de Trump (que legitima las preocupaciones y la necesidad de una política diferente) y cómo no, por el financiamiento del mayor beneficiado de que la unión se deshaga o que la torre caiga.