El Intipak Taki revive costumbres milenarias

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El Intipak Taki revive costumbres milenarias

Grupos. Las bandas de pueblo, disco móvil y las orquestas, han desplazado de a poco a los que entonan instrumentos que se tocaban en antaño.

Ritmos. César Tercero, le ha heredado el legado de la música ancestral de los dos instrumentos del pingullo y el tambor a su hijo del mismo nombre.

Su música estremece, parece un lamento y a la vez el llamado a la vida. Esos sentimientos transmiten los ‘músicos mamas’ con el pingullo y el tambor.

Quedan pocos en la serranía. En Saquisilí, provincia de Cotopaxi, solo quedan dos; Salcedo aún cuenta con cuatro y en Píllaro los últimos han muerto; pero se busca rescatar la tradición.

En el cantón buscaron hasta ubicar a Juan Negrete (tambonero) y José Guaste (pingullero), ambos de 68 años, con casi toda la vida dedicada a entonar los instrumentos ancestrales.

José es oriundo de la comunidad de Chilla, San Antonio, asegura que aprendió a entonar escuchando a los abuelos. “Esto es parte de nuestra cultura que no se debe olvidar.

Con la música agradecemos a Dios, la tierra, sol y a la vida. Somos pocos pero nos gustaría que los más jóvenes aprendan”, sostuvo Guaste.

La pareja de músicos tocan por más de 40 años juntos. Negrete es de poco hablar, no escucha con claridad pero mantiene el sonido en sus manos. Cuando entonan sus instrumentos lo hacen con el alma.

Quienes tocan el tambor y el pingullo lo hacen más en las fiestas interculturales. Muchos entonan los dos instrumentos al mismo tiempo.

El pingullo se lo confecciona con tunda (carrizo) o hueso de venado. Mientras que el tambor con piel de borrego.

Sus melodías alegran las actividades, pues, para los habitantes antiguos de la serranía estos instrumentos forman parte de la esencia de los pueblos andinos.

Álex Velasteguí, coordinador del grupo cultural ‘Intipak Taki’, emprendió la tarea de buscar a los últimos pingulleros y tamboneros de Tungurahua y Cotopaxi.

Manifestó que tienen el apoyo del Ministerio de Cultura para rescatar estas costumbres y tradiciones de los pueblos.

“Queremos darle la importancia que merecen a estas personas, tan imprescindibles y humildes que llevan el ritmo de las fiestas tradicionales”, dijo Velasteguí.

César Tercero enseñó a su hijo para que el legado continúe. Los dos son de Salcedo y en cada presentación realizan un tipo de ritual en kichwa y español para resaltar lo que hacen.

César Tercero (hijo) entona los dos instrumentos y reconoce que no le fue fácil aprender.

Jimmy Villacís de 40 años, y José Chiliquinga de 59, también de Salcedo (Cotopaxi) aseguran que pocos se interesan en aprender a entonar estos instrumentos ancestrales.

José Jiménez, lamenta que en San Andrés, Píllaro, ya no tengan a estos personajes y para el rescate de la tradición impulsan la escuela de pingulleros y tamboneros.

Son costumbres que lamentablemente se pierden con el tiempo”, aseguró Jiménez.

“Pensábamos que se había perdido la tradición de estos músicos ancestrales pero en la búsqueda nos encontramos con un pingullero y un tambonero que representan a Saquisilí. Queremos fomentar el legado”, menciona José Venegas, director de Cultura Municipal.

Por su parte, Diana Mesías, directora de Cultura Municipal de Píllaro, sostuvo que dan el apoyo para incentivar a que se mantenga la cultura e historia ancestral del cantón.

José Venegas, director de Cultura Municipal.

En Calchivana Grande, Quisapincha, también se resisten a perder la tradición. Segundo Chagmana y Segundo Pedro Quinatoa son los músicos del pueblo y aseguran que pese a que han intentado enseñar a los jóvenes, muy pocos se interesan en aprender.

Autoridades de Pillaroy, Saquisilí, incentivan a los pequeños jóvenes promocionando talleres vacacionales para que no se pierda el legado ancestral. (F)